sábado, 31 de marzo de 2018

Conchita, la última testigo del martirio de Anacleto


Una mujer centenaria que tuvo en su bautizo al líder de la UP, y lo vio muerto en el féretro, rememora las dificultades de la persecución religiosa.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Anacleto González Flores es una de las figuras más trágicas de la rebelión cristera, si se toma por buena la definición de lo trágico que propone Johann Wolfgang Goethe: "Todo lo trágico se basa en un contraste que no permite salida alguna. Tan pronto como la salida aparece o se hace posible, lo trágico se esfuma".

El abogado nativo de Tepatitlán ha buscado en su corta vida ser una expresión cristiana de la áhimsa (no violencia) que ha popularizado en su lucha por la independencia india, el egresado de la University College de Londres, Mahatma Gandhi.  La palestra es un éxito editorial dentro de la Guadalajara dominada por la Acción Católica, que extiende sus redes a todas las áreas vitales de la cultura local: la educación, los comercios, los sindicatos campesinos y sobre todo obreros. El desliz a lo trágico es precisamente la decisión del dirigente de la Unión Popular de sumarse a la rebelión armada –contraria a la ética de no violencia- que impulsa la Liga Mexicana de Defensa de la Libertad Religiosa, apoyada formalmente por el obispo de Durango, José María González, pero desaconsejada por el históricamente incomprendido obispo tapatío, Francisco Orozco y Jiménez.



"Lo que vivió Anacleto González Flores se debe a que el [presidente] Calles quería acabar con la fe del pueblo; Anacleto ayudó mucho para orientar al pueblo, y yo tuve el gusto de conocerlo y por eso me interesó lo que hizo", dice la tapatía María Concepción Plascencia Parra, a quien le presentaron al alteño a los nueve años de edad, y hoy traspone el siglo.

- ¿Cómo conoció a González Flores?
- Pues en la calle. El inició la Unión Popular, que consistía que en cada esquina había una persona que repartía un periodiquito, y él lo editaba [Gladium]. Él trataba de informar al pueblo, unirnos en una lucha a los católicos, por los derechos que Calles nos quería quitar.

- ¿Por qué una niña de nueve años tiene interés en conocer a un hombre famoso en la política?
- Yo a los nueve años era ya una persona que estaba al pendiente de todo lo que pasaba alrededor, siempre; era muy despierta en ese sentido, y tengo una hermana que ya murió, pasaban cosas y ella ni cuenta se daba, no yo [...] por eso me di cuenta de Anacleto, es más, yo estuve a un lado de su féretro cuando lo mataron. Recuerdo que él estaba tirado en la banqueta en el piso, dijo: yo muero, pero Dios no muere. A Anacleto lo sacaron de su casa, ahí por la Capilla de Jesús; incluso estoy pensando si fue el que estuvo en mi bautizo, porque era amigo íntimo de mi padrino, Hilario Pérez, eran estudiantes, uno era de leyes y el otro de medicina. Así que me parece que cuando me bautizaron estuvo presente, me tuvo en sus brazos, debió ser en 1917, yo nací el 4 de marzo de ese año.

Y no la contaban entre los vivos. "Cumplí cien años, pero resulta que me estaba muriendo, me estaba asfixiando y me tuvieron que bautizar inmediatamente [...] a Anacleto lo mataron en 1927. Nosotros no fuimos. Mi padre nos decía: aquí ya no se puede vivir, porque la persecución estaba muy fuerte, todo era a escondidas. No había misas porque Calles puso condiciones que no podían aceptar los obispos; así que todo era a escondidas, ya no había culto. Mis papás cumplieron sus 25 años de casados y fue su misa de aniversario, aquí en la sala de esta casa [su domicilio es una casona decorosamente sostenida en la colonia Americana, muy cerca del templo Expiatorio], a escondidas; y cuando mi hermanito hizo su primera comunión, se tuvo que ir a la casa del sacerdote, que era amigo de nosotros; se fue a dormir para cumplir con la comunión muy temprano, porque había espías por las calles viendo dónde se juntaba la gente. Era una auténtica persecución religiosa, por eso decía mi papá que aquí ya no se podía vivir y nos fuimos a Estados Unidos...".



Doña Conchita va a Hollywood

La familia de doña Conchita la conformaron cinco mujeres y cinco hombres. La casa en la que habita, sobre la calle de López Cotilla, fue fruto del trabajo de su padre. Dejaron sus bienes a encargo, en espera de tiempos mejores, y partieron a California, donde crecía la comunidad mexicana.

"Allí estuvimos en la ciudad de los artistas, a dos cuadras del Hollywood Boulevard hicimos vida, y aunque usted no lo crea, había colegios católicos, me tocó estudiar en el de la Inmaculada Concepción; también teníamos parroquia para recibir sacramentos", señala con memoria segura. En 1928, Mickey Mouse estrenaba su segundo cortometraje (The gallopin gaucho), Buster Keaton dirigía y actuaba The Cameraman, Charles Chaplin dirigía y protagonizaba The Circus, dentro de su ciclo estadounidense; John Ford se aventuraba en su Four sons y Lights of New York se constituía como primera película totalmente sonora de la historia del séptimo arte. Los mexicanos Dolores del Río, Ramón Novarro, Lupe Vélez y Lupita Tovar probarían su suerte en la meca del cine durante esos años. Pero ese glamour no absorbía la atención para la familia Plascencia Parra.

- Yo al principio me fui llorando, porque yo quería mucho a mi patria, y mis vecinos me decían, no llores Conchita; de aquí a la estación me fui llorando, pero cuando llegamos había colegio y todavía no estaba terminado el curso escolar; mi papá pensaba en esperar a que comenzara el curso en la escuela parroquial, pues yo no hablaba inglés [...] le dijeron: serán ustedes muy católicos pero los niños no pueden estar en la casa, tienen que ir a una escuela oficial. Pero es muy distinto, allá no había escuela laica, fue una experiencia muy bonita, las maestras se preocupaban porque uno aprendiera inglés; a la hora del recreo una de las maestra me ayudaba a pronunciar, y me decía, ustedes los mexicanos pronuncian igual la b grande que la v chica, pero nosotros no. y me quería enseñar cómo pronunciar en inglés [...] luego resulta que no les parecía mexicana, no me veía como los pochos o los braceros, decían que era española. Yo me defendía, no, soy mexicana, no todas somos indias...



La experiencia con la alteridad anglosajona no era nueva para la familia. El padre y un hermano de Conchita ya habían vivido en Chicago. "No nos fuimos a Chicago por el clima; es muy frio, así que mi papá decidió primero ir a San Francisco, pero terminamos en Hollywood porque el clima era más amable. Yo recuerdo que los artistas de cine pasaban en caravanas con los coches abiertos [...] mis hermanos entraron a trabajar a los estudios, mi hermana tenía mucha aptitud para hacer los trajes...".

La fiesta americana se acaba en 1931. "Una de mis hermanas dejó aquí a su novio, ya se quería casar, así que nos venimos para el matrimonio de Lola mi hermana, pero los hombres sí se quedaron allá [...] mi hermana Rosario se quedó y se caso allá, su hija se hizo religiosa". A Conchita le quedaron gustos exóticos: celebrar el Halloween y el día de gracias, por ejemplo. Pero no dudó de su catolicismo.

"Ya había culto, me acuerdo cuando empezó, al primera vez que a los párrocos les dieron permiso, fue un gusto ir a misa, fui al templo de Los Ángeles [ubicado a dos cuadras de su casa]; también me iba con la Generala, todas las ceremonias religiosas que iban a Zapopan, pero todo eso era cuando mi papá estaba bien, ya cuando estaba más grande acabó todo eso; ahora para ir a Zapopan un taxista es el que me lleva".

El testimonio de la fe

Doña Conchita ha sido soltera empedernida y no cree en la educación laica. Cita con entusiasmo la tesis de una de sus hermanas, normalista: "una escuela sin religión es una escuela para el crimen, esa fue su tesis [...] en Estados Unidos un muchacho que cometió un crimen muy notorio, dijo que había planeado su crimen en la universidad, y eso comprueba que una escuela sin religión es una escuela para el crimen", agrega convencida. Considera una desgracia que la sociedad tapatía ya pululen religiones del cristianismo reformado (protestantes), de tradiciones religiosas orientales, e incluso ateos, "y todo eso por la falta de instrucción religiosa".

Su faro en el juicio sobre el mundo siempre fue su progenitor. "Mi papá decía: el dinero es la muerte, por dinero hay asesinatos, hay de todo, ahí tengo el retrato de mi padre, el amó a la iglesia por sobre todo; incluso cuando vino Lefebvre, el fulano creía que todo tenía que ser en latín [...] yo le dije a mi papá: tú estudiaste en el seminario, en latín, y ahora el Papa dice que la misa puede ser en el idioma de cada país, ¿tú qué dices? Y me contestó, hija, lo que la iglesia dice siempre está bien. Ese fue mi padre, tuvo una muerte muy bella, perdió la vista por un glaucoma, llegó cansado del templo, me pidió dejarlo descansar, y al día siguiente ya no se levantó [...] le dije, papá, te preparo una lechita, 'no hija'; papá, ¿quieres que te traiga algo? No... ¿entonces te quieres ir al cielo? Sí, me dijo con su vocecita. Y al cielo se fue. Tenía 98 años".

(La barranca que "protege" a los tapatíos)

Ese reino también debe ser el de Anacleto González Flores, asegura la anciana. Ha cultivado con tal pasión el conocimiento del abogado alteño, que incluso recita sus parodias, como la que le compuso al gobernador obregonista Silvano Barba, aquel que advirtió a Plutarco Elías Calles que sus paisanos jaliscienses se rebelarían contra su política religiosa, alertamiento despreciado por el sonorense con costosas consecuencias.

"Cuál es el número mayor de clérigos, ese que ayer fue un místico y hoy es un lépero gobernador; le dieron órdenes de echarse a uno y desobedeció; Silvano óyeme, cuando eras mendigo los curas daban fe, saliste vivo del cascabel, con leyes tan cínicas como satánicas; Silvano Barba búscalo, si fueras víbora o fueras murciélago, pero eres vástago del cura pérfido, que por metálico vendió a su Dios; Silvano apóstata, ésta es la última que llega rápido, ya están las manos crédulas; a Cristo implóralo y perdónalo". Esa es una parodia de un aguerrido Anacleto que alude a la educación religiosa de Barba, una ferocidad satírica que a Conchita no le causa ruido contra la respetable y serena imagen del líder de la UP, cuyo aval al alzamiento lo sigue persiguiendo a 92 años como principal argumento contra su canonización.

María de la Concepción no tiene necesidad de compartir el destino trágico y contradictorio de Anacleto. Pero confía que su sacrificio haya sido fructífero, por más que el irresistible avance de la secularización sobre el viejo mundo de lo sagrado deje en fuerte predicamento la famosa y ufana sentencia de otro gran incomprendido de la historia del cristianismo: ""Nosotros somos de ayer, sin embargo, llenamos vuestras ciudades, islas, fuertes, pueblos, consejos, así como los campos, tribus, decurias, el palacio, el senado, el foro, solamente os hemos dejado vuestros templos [...] la sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos" (Ad nationes, Quinto Septimio Florencio Tertuliano).



SRN

viernes, 30 de marzo de 2018

Presa El Zapotillo puede funcionar a 60 metros


Para el organismo ciudadano que preside Márquez Gutiérrez, lo esencial es que el agua sea solo de la AMG.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

La apertura de la "llave" por parte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que canceló la posibilidad de un proyecto a 105 metros de la presa El Zapotillo y reconoció que se puede dejar operable a 80 m, "muestra la facilidad que tienen los que son juez y parte en el tema del agua, para abrir y cerrar el flujo del líquido y hacer sentir su escasez o abundancia, y sumado a la disparidad de las cifras que manejan las dependencias –Conagua, CEA Jalisco, SIAPA- hacen menos confiables sus aseveraciones en el tema del agua en el área metropolitana de Guadalajara y en nuestro estado, en cuanto a cantidad y calidad", advirtió el presidente del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua en Jalisco, Juan Guillermo Márquez Gutiérrez.

"La presente Administración Federal 'renuncia' a una altura de cortina de 105 m y la entregará a 80 m. Esto derrumba la aseveración de que la presa sólo podría funcionar a 105 m. Y si se puede acondicionar a 80 m, también se puede operar y acondicionar a 60 m para evitar la inundación de Temacapulín, como lo hemos expuesto en reiteradas ocasiones", explicó.

"Esta condición puede cambiar si el Congreso de Jalisco avala la firma del Convenio de 2007 o si se firmara uno nuevo con su aval, entonces pudieran continuar el proyecto a 105 m", y es donde justamente se verá el compromiso real de las representaciones políticas con los moradores de la cañada y de todos Los Altos de Jalisco.

"Para el AMG, con una altura de cortina a 105 m se contempla un gasto de 3 metros cúbicos por segundo, y según la curva áreas-capacidades para presa baja y alta –de El Zapotillo, elaborada por Conagua, que se puede ver en la imagen anexa-, con una cortina a 60 m se almacenarían 145.96 millones de m³, lo que representaría 51 por ciento más agua para Guadalajara y los municipios conurbados".

Para esto, es indispensable "la cancelación del trasvase a la ciudad de León, Guanajuato. A los 14 municipios alteños, que pretenden 'beneficiar' vendiéndoles su agua desde el pretendido acueducto, no les conviene dejar correr el agua hasta El Zapotillo, comprarla, pagar el bombeo de regreso y construir el ramal hasta su cabecera municipal". En este escenario de operación de la presa a 60 m, el agua almacenada sería para el AMG y cada municipio resolvería con proyectos propios sus necesidades en la meseta.

"El Purgatorio, por ser una presa derivadora, requiere de El Zapotillo para poder dotar de agua al AMG de manera sostenida, y no alcanzará los volúmenes asignados de 5.6 m3 por segundo si no se cancela el pretendido trasvase a León. Eso debe quedar muy claro, pues el río Verde no tiene capacidad para abastecer a las tres regiones: AMG, Los Altos y Valle de León", precisó.

No obstante, el camino no está allanado. "Existe una gran resistencia de los promotores y los responsables del proyecto El Zapotillo a reconocer y evaluar la problemática generada por el pretendido trasvase a León –que es el origen de todos los males que se ocasionarían a Jalisco y al país- ya que solo reconocen las afectaciones directas por la construcción de la presa: la inundación de Acasico, Palmarejo y Temacapulín y las tierras de cultivo. No se han valorado las afectaciones ambientales, sociales, económicas, etcétera, de la construcción del pretendido acueducto a León con un diámetro de 2.40 m de diámetro –que sería una barrera física- en el corazón de Los Altos; ni los impactos por el trasvase, que serían de grandes proporciones y de alcance nacional e inclusive internacional, pues destruiría el tejido social asociado a la producción de alimentos y dispararía el precio de los alimentos".

También "desataría una terrible lucha campo-ciudad por el agua e incrementaría de manera sustantiva la migración a las ciudades, teniendo de igual manera sus efectos negativos en la cuestión de seguridad. Afecta además los derechos humanos al agua, a la alimentación, al desarrollo, entre otros. Es imprescindible una solución de ganar-ganar, como la que planteamos", concluye el presidente del Observatorio.

Rebasa la expectativa

La presa de El Zapotillo, a 60 metros de altura, garantiza aportes importantes de agua.

Altura de cortina Almacenamiento
60m 145.96 Millones de metros cúbicos de agua
80m 411.60 Millones de metros cúbicos de agua
100m 910.75 Millones de metros cúbicos de agua

Fuente: Conagua-Semarnat

SRN

Trópico nayarita: la resistencia anticristera de las haciendas



El caso de la hacienda de Tepuzhuacán, en Nayarit, relativiza el discurso de una rebelión católica incentivada por los ricos y los clérigos.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

María Concepción del Toro Curiel nació el 10 de mayo de 1923, y conoció a los cristeros bajo la óptica de los amos: hija de un próspero administrador de haciendas, su visión de la alteridad ocurre tras cumplir seis años, en la finca de Tepuzhuacán, un emporio azucarero de Amatlán de Cañas, Nayarit, cuya reputación venía desde los tiempos de la colonia.

"Mi padre era el administrador de la hacienda; era una hacienda que producía mucho: maíz, trigo, frijol, arroz, cacao, café, azúcar, con mucho ganado, con muchos lugares muy bonitos; mi padre se llamaba Federico, usaba pistola, montaba a caballo, un fuete como le llamaban, para montar y hacerlo que corriera fuerte; las personas, los hombres trabajadores, vestían todavía con calzón blanco y camisa con un cinturón rojo en la cintura; se hacía queso, se hacía chocolate y muchas cosas. Había españoles en la casa, argentinos, porque se hacía mucho café, entonces era mucho movimiento, aparte, las monedas eran de oro, era una moneda regular, chica, y en la oficina donde estaba mi padre había unos reposets y ahí se sentaban tres personas, pero cuando levantaban las tapas de los asientos había muchas cajitas con monedas, y llegaban cristeros a buscar a la hacienda, porque querían el dinero, y entonces las escondían en el techo de las casas, y los tapaban con escobas....".

A la hoy anciana, que pronto alcanzará 95 años de edad, le tocó acostumbrarse pronto a este áspero contacto con el México bronco: "había un momento en que a mucha gente la colgaban, porque cuando llegaban dos grupos de hombres a caballo, con estandartes, unos decían viva la Virgen de Guadalupe, y otros decían Viva Cristo Rey, y había problemas entre ellos; estaban cerrados los templos y era un pleito entre aquí y allá", señala, lúcida, desde el otro lado del auricular. La descripción acredita los frecuentes conflictos entre agraristas –solicitantes de tierras de los latifundios, armados por el régimen callista para hacer méritos matando católicos rebeldes- y los campesinos cristeros. Tepuzhuacán es, en este caso, la manzana de la discordia, por sus tierras y su oro.

(Cristeros nayaritas en acción)

La conversación es telefónica porque doña Concepción es residente en Yucaipa, California, como a hora y media de Los Ángeles, en Estados Unidos. Sus nietos en Guadalajara se ufanan de su magnífica memoria, de su independencia, de su capacidad para mantenerse activa a una edad tan avanzada.

Sus relatos de esa era remota confirman lo primero. "Un día llegaron y llevaban a mi padre agarrado por las manos, por detrás, y tapado de los ojos, para colgarlo delante de mi mamá y de nosotros que éramos muy chicos: mi hermano Federico era más chico que yo, mi hermano Alfonso era más grande; como querían llevarse a Alfonso, lo sacaron vestido de mujer, se lo llevaron a Guadalajara y lo internaron en un colegio [...]cuando lo iban a colgar uno de ellos dijo, a éste no, porque yo lo conozco; fuimos compañeros en la escuela, no le hagan eso. Entonces mi papá mandó a traer unas reses para que las mataran e hicieran carne y la asaran, y la gente de las rancherías les llevó tortillas, frijoles, para que comiera todo ese montón de gente". Ese día se salvó la estirpe Del Toro.

Pero los sobresaltos eran permanentes. "Nosotros vivíamos en la hacienda, y para ir a Tepic teníamos que ir con escolta de soldados [...] teníamos que ir cuando el dinero se llevaba, porque no había banco, lo llevaban en canastas que les llamaban pizcadoras, en cinco o seis bolsitas en las canastas, con dos canastas de cada lado; los soldados caminaban por las partes altas y nosotros por abajo con los animales, para poder salir. Entonces había un lugar llamado El Caracol, y ahí ponían muchas trampas para robar, asaltar; caminábamos con los ojos tapados para no ver a los colgados que estaban en los árboles, y en los corredores de la casa de la hacienda, había hombres amarrados, porque los soldados salían a hacer sus recorridos. Nosotros íbamos con mi padre a la oficina y yo veía todo eso...".

(Los reinos brumosos, las ocoteras de la Sierra de Álica, la vertiente Nayarita de la Sierra Madre Occidental)

A María Concepción no le tocó un secuestro, pero sí un accidente. "Yo iba en un animal macho para la hacienda y entonces me tumbó, y me pateó la cabeza. Duré como un año en cama porque no me podía mover, y de por sí era un peligro vivir por ahí...".

- ¿La gente del pueblo como veía la hacienda ante los cristeros y agraristas?
- Bueno, se ponían nerviosos porque veían esos movimientos, o se asustaban al igual que nosotros; más arriba de la finca había unas trojes donde guardaban las semillas, el trigo, el café, el cacao, y entonces llegaban porque empezaban a empacar ya estando todo limpio, y cuando el vigilante veía que venían [los rebeldes], nosotros nos dormíamos arriba de los techos donde estaba el frijol y el arroz.

Don Federico era un próspero administrador. También trabajó fincas en La Barca, en Jocotepec, en Ameca.

"Mi papá era socio de un señor que vivía en Guadalajara, detrás de la catedral, y se apellidaba Barba González [...] ahí llegaban todos los curas que venían de fuera, los obispos, que eran casi como el papa; todo estaba lleno de monjas, y yo viví después ahí porque eran amigos de mi papá y compañeros de trabajo. Yo iba con mis primas y entrábamos a ver, y el señor tenía dos hijos, una mujer y un hombre". En la estancia tapatía también se relacionaron con un aspirante a empresario que estaba llamado a ser profeta de un nuevo modelo de hacer negocios en la revolución: Jorge Dipp.

"Yo quería regresar ahora a Guadalajara para encontrarlo, porque él comió en mi casa durante mucho tiempo; le dábamos un cuarto para que no pagara renta, y comía con nosotros, y él se llevaba una calavera de las que tenía colgadas...".



- ¿Una calavera humana?
- Sí, de los esqueletos de los que tienen colgados los médicos. [...] se traía una calavera y la ponía en la comida. Yo quería regresar conocerlo, porque se iba a acordar de mis papás, porque mi papa era famoso y muy sociable...

La familia del Toro, después de recorrer medio Jalisco, se asentó en la finca llamada La Rosa, municipio de Tamazula de Gordiano, al sur de Jalisco.
Desenredar mitos

Hay una vieja simplificación que dio el Estado mexicano para desacreditar la guerra popular de los católicos en su contra: que el clero y la burguesía, afectados por las leyes sobre cultos y el incipiente reparto agrario, estaban armando a sus peones, y chantajeándolos vía el púlpito y el confesionario, para que defendieran un estatu quo que si no los hacía prósperos, al menos les allanaba el camino al cielo.

En cambio, dicen los deslenguados populistas que los ricos siempre se pliegan al poder. Y si bien, la hacienda como modelo de agronegocio dominante en el México porfirista, ya estaba a punto de colapsar, los adinerados hacendados, católicos como los gobernantes revolucionarios, decidieron combatir la peste campesina. Ambas categóricas expresiones pecan de exageración.

Hay casos en que la tesis primera puede ser defendida: por ejemplo, el temor de los campesinos de la antigua hacienda de Totolimispa, en San Gabriel, sur de Jalisco, porque curas y sinarquistas les convencieron que pedir las tierras del amo era pecado (MILENIO JALISCO, 23 de diciembre de 2015). Pero como dicen los abogados, hay que ver "caso por caso".

La familia de doña Concepción vivirá, después de la guerra, la pesadilla del reparto agrario, que fue para muchos ricos del campo. "Yo tenía como doce o trece años cuando vi eso; ¿por qué yo le estoy contando lo de la hacienda La Rosa y Contla, en Tamazula? Porque fue de lo último que tuvo mi padre, y había mucho movimiento ahí. Esa hacienda también la repartieron, nos quitaron muchísimo".

(Una finca en medio de la región de Álica)

De algún modo, esa alta burguesía rural defendía una misión civilizadora. "Mi padre llevó a la hacienda para que hubiera maestros, llevó la escuela, pero para ir al médico cuando estábamos en Nayarit teníamos que ir a Ixtlán; cuando a mí me golpeó el caballo el médico vivió en mi casa por un año. Y fue tan bueno, que gracias a Dios puedo platicárselo".

La prole de don Federico: Alfonso, Federico, Porfirio, Rafael, Ignacio, Guillermo, Luis Javier, María Elena, Ofelia e Isabel. Junto con María Concepción hacen once hijos. "Se nos murieron dos mujeres, una de cinco años y otra más chica; una fue por la garganta, no alcanzaron a llegar hasta Ixtlán con ella, algo tenía en la garganta y se nos murió en el camino; la otra fue al poco tiempo de que nació, porque no nació bien.

- A tantos años, ¿cómo ve su infancia, cómo la califica?
- Ah no, a mí sí me gustó cómo viví; mis padres fueron muy buenos conmigo, yo nunca tuve problemas, fue una familia muy bonita.

- ¿Pero esa violencia cotidiana, esa guerra, no los afectó?
- No, porque yo no entendía lo que pasaba, y cuando había estas cosas, estos sucesos como que querían matar a mi padre, trataban de esconderlo para que no viéramos eso. También nos tapaban con vendas para no ver a los muertos colgando [...] no sé cómo decirle, el Señor siempre nos protegió.

La vida en las haciendas permitía el contacto con una naturaleza que en buena parte no había sido aún arrasada. Además del ganado, eran familiares a los venados, a los bosques tupidos, a las aguas claras de los estanques y manantiales. "...el agua salía de color azul, y había un montón de peces rojos que nacían en los estanques; aparte estaban los soldados, y mi hermano jugaba carreras con el mayor del ejército, y le regalaron el caballo porque ganó la carrera. Mi hermano ha de haber tenido como seis años o cinco, porque lo montaban en la silla y apenas cabía, le colgaban las piernas para llegar a los estribo. Pero nos cuidaban siempre, siempre había gente cuando nos movíamos de aquí para allá, casi no sentíamos miedo de salir".

(Los densos bosques de la Sierra Madre Occidental)

El destierro en Tamazula ya los agarra en la década de los 30. María Concepción estudia y descubre nuevas maravillas modernas: el cinematógrafo, por ejemplo. "Me acuerdo mucho de una película con María Elena Marqués [...] mi papá prestaba un terreno grande para que llegaran a poner el cine". Luego llegó la televisión. La primera casa con ese prodigio tecnológico fue la Del Toro. Se había perdido mucho, pero se mantenía un estilo de vida más que decoroso.

Doña Concepción se casó joven y tuvo ocho hijos, 38 nietos, 18 bisnietos. Vive desde hace 20 años en Estados Unidos; se fue inicialmente a animar a una de sus hijas que estaba nerviosa y se iba a casar, y ya se afincó. Cerca del siglo, es independiente y hace muchas actividades en casa. También va a misa, porque, afirma, la fe en Jesucristo es la clave para una existencia plena.

En el libro del Profeta Isaías, la viuda de larga vida, azarosamente feliz, puede leer algo parecido a su propio relato: "voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan? Trazaré un camino en el desierto, rutas en la llanura. Me glorificarán las bestias salvajes, los chacales y las avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la llanura para dar de beber a mi pueblo, a mi elegido, el pueblo que formé para mí para que proclamara mi alabanza..." (43:20).
El dato

La hacienda es el modelo económico con que los liberales modernizaron al país en la segunda mitad del siglo XIX, pero fue un modelo contradictorio, paternalista, poco igualitario, que se derrumbó con la revolución y la progresiva industrialización del país.



SRN

jueves, 29 de marzo de 2018

La mata Sandoval: vida y muerte en los cañones zacatecanos



La región donde Jalisco y Zacatecas se encuentran , áspera y seca, fue escenario privilegiado de vidas afectadas, para bien y para mal, por la rebelión católica (II de V partes). Fotografías de Carlos Dávila

Agustín del Castillo / El Teul de González Ortega. MILENIO JALISCO. 

Hay una arraigada mata de sandovales en los pintorescos pueblos de cantera rosada del sur zacatecano, hasta el lindero poniente de la meseta alteña, en Jalisco: El Teúl de González Ortega, Florencia, La Ceja, García de la Cadena, Yahualica, Nochistlán. Los expertos en heráldica señalan que el apellido deriva de Sandoval de la Reina, un lugar perteneciente al partido judicial de Villadiego, en la provincia de Burgos, España, antes de su mundialización con la conquista, en el siglo XVI.

El caso de Florencia y El Teúl es el de dos poblados unidos, entre otras cosas, por un apellido, pero enfrentados por la disensión profunda que acarrea el conflicto religioso, que en esas zonas ocupa los años 1926-1929 y 1931-1939. En 1905, nació en el entonces llamado San Juan Bautista del Teúl quien a la postre fue un próspero comerciante, Ramiro Sandoval, hijo de don Cástulo y tío del escritor Luis Sandoval Godoy. De su participación o siquiera sus ideas sobre la disputa no quedan evidencias, pero su hija Lilian recuerda que una tragedia personal, la muerte de su hermana Sara, motivó la salida de familia hacia Guadalajara en 1931.

En Florencia nació, sin que se tenga clara la fecha, probablemente a finales del siglo XIX, el principal guerrillero cristero de la demarcación: Pedro Sandoval. Azote de los teulenses, que eran partidarios del gobierno, su muerte durante la segunda Cristiada, en 1937, hizo que su cuerpo fuera vejado en esa plaza donde era visto con terror. Fue hora de desquites tras una década de agravios.

Don José Maldonado es uno de los últimos testigos de esa época. Nacido en 1923, en el rancho Santa María, recuerda que su padre pudo morir muy pronto en medio de los delirios de la violencia. Había tres hermanos, y varios tíos, sumados a la guerrilla encabezada por Pedro Sandoval. Pero sus padres eran pacíficos.


Fueron trece hijos, pero los guerrilleros de Cristo Rey eran Alejo, Vidal y Epifanio, “y mis tíos Abraham, Gregorio y Simón, eran hermanos de mi madre; ellos ahí anduvieron, y nosotros en el rancho. Llegó un día en que pusieron una [auto] defensa [gubernamental] ahí, en el rancho […] mi papá se llamaba Apolonio Maldonado; le decían: si usted no nos entrega monturas lo vamos a matar; mi padre alegaba que no había […] madre viendo eso, agarró unas calabazas: en lo que arreglan su asunto coman calabazas, dijo, y ahí comieron… total que después de la comida como que ya se les bajó y se fueron…”.

- No, pues bendita comida, buena la mano de su mamá.
- Sí, ja.

El viaje al cañón

A El Teúl se llega apenas remontados desde Guadalajara los abismos de los ríos Santiago, Juchipila y Cuixtla, que antes de las carreteras pavimentadas y la modernidad, dieron reputación de inexpugnable a la áspera región de pastizales amarillos, acacias y vegetación espinosa; lobos, venados y gatos monteses; acantilados habitados por aves de rapiña y zopilotes; vientos inestables, cielos anchurosos y paisajes dorados por un sol que parece competir con los tesoros de la tierra. Mezquital del Oro, por ejemplo, era ya explotado para extraer metales preciosos desde los años finales del siglo anterior, con empresarios estadounidenses atraídos por la Pax Porfiriana, y daba mucho empleo a toda la zona.

Pero la revolución interrumpe este dinamismo. Desde 1910 se ha vuelto una demarcación insegura, lo que ha llevado a la conformación de defensas o autodefensas rurales, que tienen la bendición del lejano estado mexicano, y al fortalecimiento de cacicazgos, sucesores de los jefes políticos de la administración liberal caída en desgracia. El conflicto religioso se acentúa tras el fin del régimen huertista, cuando se culpa al clero católico de complicidad con el usurpador nacido en Colotlán. Los rancheros y los hacendados además se enfrentarán a otro fenómeno típico del carrancismo, y luego obregonismo y callismo triunfantes: la reforma agraria. A diferencia de Los Altos de Jalisco, donde el reparto agrario de facto ocurrió muchísimo tiempo atrás, con la atomización de pequeñas propiedades en minufundios, aquí los agraristas serán actores relevantes en el partido gubernamental.

El 2 de enero de 1927, los cristeros habían tomado Jalpa. El 8 de enero, un sublevado Pedro Sandoval había sido apresado. “lo apresó el coronel Ruiz en el rancho El Durazno, Monte Florencia. Salvó su vida gracias a una antigua amistad con Eulogio Ortiz. Fue entregado a las tropas del coronel Cortés de las fuerzas de Anacleto López, que acababan de hacerse cargo de la Jefatura. Lo llevaron a Tlaltenango, a Zacatecas, a Sombrerete, y de nuevo a Tlaltenango donde iban a fusilarlo, pero escapó un día antes. Había sobornado a varios sardos. La Federación habría de lamentar mucho esta escapatoria durante los siguientes once años” (Luis Rubio Hernansaez, “Zacatecas bronco. Introducción al conflicto cristero en Zacatecas y norte de Jalisco, 1926-1942”. Universidad Autónoma de Zacatecas, 2008).



Según don José Maldonado, las provocaciones eran abiertas y constantes. “Desde 1927, usaban el templo de caballeriza, y las gentes del pueblo debían aguantarse […] desde los pretiles de la iglesia estaban los soldados de la federación mirando quién entraba al pueblo; había cristeros por El Capulín, y de allí vino un tío mío, y le dispararon, y así empezó, poco a poco, el combate, por la zona del camposanto; se agarraron, estuvieron todo el día, hasta que tocaron el clarín de la tropa. Los federales se quedaron con el pueblo”.

Para entonces, Pedro Sandoval había regresado. Hubo tres ataques, en febrero y agosto de 1927, y al menos otra ocasión en 1928. Esta descripción corresponde posiblemente a la última, que obligo a los guerrilleros a abandonar la zona con rumbo del cañón. El niño José iba con su familia. “En la noche nos llevaron al cerro, por la propiedad de Michel, el Infiernito, ahí nos quedamos […] en la casa había un corral grande, ya cuando fueron a levantar el campo, esta una mora grande [un robusto árbol] con un agujero, hueca, desplomada, y ahí estaba un trompeta herido, y otro soldado, los vieron y se los llevaron […] nosotros nos metimos a dormir; me platicaba un primo que los colgaron, por el motivo de que estaba el jefe rezando un rosario con su tropa; y ya para terminar, estaban en la letanía, y los que estaban cerquita de ahí escucharon que en vez de decir, ruega por nosotros, decían, bajito, ‘chinga tu madre’…”.

- Entonces firmaron su sentencia de muerte.
- Sí. Y pos ya les toco ahí; les decía el general: yo pensaba perdonarles la vida, pero por lo que veo eso a ustedes no los favorece, así que adiós. “Ah, nos tocó, ni modo”, le contestaron. Les dieron su última voluntad. Dijo uno de ellos, “a mí me dan un cigarro”, y ya le dieron un cigarro, y bueno, a cumplir las órdenes. Los colgaron y nos fuimos […] mi padre se había quedado con una parte de la familia en el rancho, y a mi madre la mandó acá; de ese modo nos partimos, era mi hermana, mi madre, mis dos hermanos y yo, nos fuimos cinco, y fuimos a dar a una barranca, le dicen la barranca de La Vaquera, allá por Florencia. Estuvimos escondidos ocho días.

No le iba mejor a El Teúl con el feroz guerrillero, al cual veían como un genuino Atila. “Pesan los sufrimientos de tanta viudez y las lágrimas de numerosos inocentes que gimen en la orfandad y que en muchísimos casos andan disputando en los campos a los cerdos las raíces” (testimonio de Juan María Castañeda, citado en el libro de Rubio Hernansaenz).



Vidas cambiadas

“Yo me vine del rancho como en 1960”, señala el anciano Maldonado, que habita una amplia casa del casco central de El Teúl. En 95 años se ha dedicado a la agricultura, al comercio y a la música. Ha visto morir a dos esposas y a cinco hijos, y prosperar a Juan, el mayor, de su primer matrimonio, quien vive en Estados Unidos. La nación del norte también fue hogar temporal del campesino, a partir de 1949, en seis ocasiones. Dice que ya no quiso regresar a arreglar papeles porque no le ve caso con Donald Trump en la presidencia de ese país, y toda su hostilidad hacia México.

José Maldonado hizo algo de dinero como violinista. Todavía conserva un instrumento, que trata de afinar mientras se acerca la medianoche y declina la conversación con los forasteros en un El Teúl silencioso. Hugo Ávila, editor de El Teulense, acompaña la conversación y le pide interpretar alguna de las rústicas polkas y canciones de despecho por las que le pagaban cuatro pesos la hora, por el rumbo de la Ceja, y que en abuso de su juventud, llegó a trabajar hasta cinco o seis días casi sin parar, no se fuerza sino para dormir unas horas y recargar energías. La mina de Mezquital aún derramaba riquezas, más bien modestas, tras décadas de violencia y abandono de la inversión. Más de alguno de sus vecinos acudía a los ríos y arroyos a buscar pepitas del metal preciado.

El violín trata de afinar. La voz carrasposa del viejo campesino canta una letrilla bucólica: “cuando salgo a los campos me acuerdo de un ser que yo ame muy profundo, era mi único ser en el mundo; la muy ingrata se fue, con uno que tenía más cualidades, yo soy pobre, tirado al olvido, pero vivo borracho, y en mi juicio, y un amor como el mío no hallaras, ella es rica y se llena de orgullo, y yo soy pobre, tirado a los vicios…”.

Se puede contradecir a Tolstoi: las vidas desgraciadas tal vez no son iguales, pero cómo se parecen. En la segunda Cristiada, a Pedro Sandoval lo rebajaron de guerrillero a bandido, y lo acusaban de robo y abigeato. En junio de 1938, en Huitzila, cerca de la frontera con Jalisco, fue abatido a tiros cuando quiso salvar a una mujer. “Su cadáver fue llevado al Teúl y arrojado en la plaza, donde la gente lo insultaba, y es que durante muchos años había sido el terror de esta población”, recuerda el autor de Zacatecas bronco.

Don Ramiro Sandoval murió de una enfermedad hepática en Guadalajara, en diciembre de 1973, no exento de esa dosis de amargura que a veces se destila sobre las vidas expuestas al recuerdo y al cambio. Siempre atajó la curiosidad de su hija sobre ese pueblo de cantera solar, a la sombra de un cerro mítico, cuya toponimia remite a los dioses olvidados de la vieja Caxcania. “En El Teúl no hay nada que ver”, decía ante la insistencia machacona de la infanta. En el lecho de muerte, quizás recordaba los oficios de la Semana Santa de su remota niñez para hallar un consuelo a la soledad del final:

“Pobre soy, y ando en trabajos desde mi juventud: mas en mi exaltación he sido humillado y desconcertado. Sobre mí pasaron tus iras, y tus espantos me perturbaron. Cercáronme como agua todo el día: y juntas me envolvieron. Alejaste de mí al amigo y al compañero, y a mis conocidos en el tiempo de mi miseria…” (Salmo 88).

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El dato

La guerra cristera dividió las regiones entre pueblos gobiernistas e insurgentes, como sucedió en otros conflictos nacionales.

miércoles, 28 de marzo de 2018

La gesta de los Quintanar y la paz de los sepulcros


Pedro Quintanar, el principal comandante de la guerrilla católica en el norte del país sobrevive en su última hija, quien lo despidió antes de su asesinato, en Ojinaga (I de V partes).

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

En 1930, seis meses después de los "arreglos" entre el Estado y el episcopado católico mexicanos, bajo los buenos oficios del embajador de los Estados Unidos, Dwight Morrow, se ha alcanzado la paz, tras una tercia de años de una insurrección popular que, se ufanan los guerrilleros, no fue vencida en el campo de batalla. Pero, para muchos, será la paz de los sepulcros.

El gobierno revolucionario, comandado informal pero enérgicamente por el jefe máximo, Plutarco Elías Calles, ya aplica una medida crudamente pragmática: las guerras populares tienen líderes carismáticos; si tras la pacificación, estos cambian de opinión y desobedecen a sus obispos, u optan por rutas más seculares, pueden volverse a alzar en armas y movilizar a miles de hombres. Así, resulta primordial aplicar la receta ya probada con Villa y Zapata: su eliminación física; no por odio, sino por Real politik, dice esta lógica casi gangsteril.

Este marco define la suerte de uno de los pioneros de la insurrección católica campesina denominada, con tintes épicos, La Cristiada: Pedro Quintanar, ranchero de Chalchihuites, un municipio zacatecano hoy famoso por sus ruinas de mil años, se encuentra prófugo; no ha entregado su armamento ni se ha acogido al indulto. Allí comienza el relato de doña María Antonia Quintanar Madera, la hija sobreviviente del célebre guerrillero.

"Yo nací en 1924; cuando los hechos de 1930, andaba sobre seis años [...] durante la revolución [cristera], cuando entraba la federación, la misma gente que sabía de nosotros nos sacaba del pueblo, por si las dudas, y nos llevaban a distintas partes para protegernos; yo me acuerdo de esos lugares aunque estaba muy chica. Pero en este momento, ya la revolución se había terminado, era un sábado de Gloria, e iban a quemar al judas en el jardín del pueblo...".

Pequeña y frágil, pero dotada de una memoria prodigiosa, una voz firme y una mirada chispeante, la hoy tatarabuela habita una casa ancha y vieja en la colonia Ladrón de Guevara, en la capital tapatía. Pero recuerda el día que los arrancaron de Chalchihuites como si no hubieran pasado casi 90 años:

"...Y ese día, de ahí nos llevaron a la presidencia, ya no nos dejaron ir a la casa. Nos llevaron a la casa del comandante, no sabíamos nosotros por qué, y no sé cuántos días duramos; yo tenía una hermana mayor que yo, me llevaba seis años, ella estaba en la escuela; como la escuela estaba por donde vivía el comandante, la dejaron ir, yo iba con ella; pero a mi mamá ya no la dejaron salir, hasta que nos dijo una señora: miren, las van a sacar de aquí, pero no sabemos a dónde [...] era para que mi papá cayera: había muchísima gente, puro Quintanar; yo no conocía más que a dos tíos por parte de mi papá, Andrés y Rafael; mi madrina Conchita, mi mama Chaya; a Rogelio, a Rafaelito, todos hermanos de mi papá. Pero esos desconocidos eran todos Quintanar; total que de ahí nos sacaron a la estación del ferrocarril, nos pusieron y se llenaron dos carros de carga con puro apellido Quintanar, y unos compadres de mi papá (...) al despedirnos de Chalchihuites, una persona del gobierno le habló a mi mamá y le dijo: mire señora, no sabemos a dónde los van a mandar, pero déjenos a la pequeña, nosotros no tenemos hijos, nomás van a ir a sufrir, cuando regresen se la llevan; pero dijo mi mamá: no, si van a sufrir, sufrirán conmigo...".

Los Quintanar comenzaron el viaje ordenado por un dios destino, que despachaba frente a palacio nacional en la capital del país. La niña María Antonia era pequeña y movía a las simpatías de los captores. A un militar "le dio lástima" y la llevó a cenar. "Yo le dije a mi mamá, cuando fui grande, ¿oiga, y si me hubieran robado? No, se veía buena gente, muy responsable, me contestó. Total que me llevó a cenar, y le he de haber pedido leche y pan, era muy buena persona, le decía subteniente...".

El tren tomó la ruta del norte, por la Sierra Madre Occidental: montañas ásperas, casi solitarias, pero con habitantes insospechados [doña María no recuerda haber visto en los valles a indios huicholes o tepehuanos deambulando] y animales hoy desaparecidos: lobos, osos negros, quizás algún grizzly rezagado en su proceso de extinción regional, o pájaros carpinteros de medio metro de altura; invadidas de árboles milenarios, ocotes más anchos que las casas y altos hasta el cielo, que con la paz, serán el "oro verde" para fortunas amasadas por los madereros "revolucionarios" de Durango y Chihuahua, incluidas grandes transnacionales atraídas por el nuevo ambiente de negocios.

Esas soledades orográficas también han tenido, desde la conquista española, una valiosa aportación en metales. Chalchihuites mismo, que colinda al poniente con la Michilía de Durango, tierra de lobos; con Jiménez del Teúl y con Sombrerete, significa en náhuatl, "tierra de piedras preciosas", y se ubica en la línea divisoria, imaginaria, de los dos Méxicos, una línea arbitraria y discutible, no siempre asumida ni comprendida: el trópico de Cáncer.

Al norte está la tierra de colonos, de caudillos de la revolución de 1910, pionera de la modernización que se avecina en los decenios de los 30 y 40. Al sur, el "México profundo" del catolicismo de curas arraigados a aldeas y de aborígenes más o menos improntados por cuatro siglos de evangelización. Ese paisaje se contempla desde el frente del tren donde viaja María.

"...yo iba adelante, viendo por el camino; le decía el subteniente a mi mamá: déjela que vaya viendo. Con el paso de los días se dieron cuenta de que mi papá no iba, y empezaron a bajar a los Quintanar por la ruta donde iba: tú bájate aquí, tú bájate adelante. Total que ya cerca de Chihuahua quedó mi mama Chaya, mi madrina Conchita; ahí las bajaron, a nosotros no, pero por ruego de ellas nos dejaron también en Chihuahua".

- Se quedaron a vivir en Chihuahua.
- Sí, ahí en la estación del tren nos dejaron; era ya de noche, total que ahí amanecimos y una persona de la estación nos llevó pan y café; mi mamá se acordó que tenía unos amigos en Chihuahua, para buena suerte encontró a esas amistades, ellos nos recibieron en su casa y ya tuvimos en donde quedarnos.

En 1930, el presidente municipal de Chalchihuites era Ranulfo García. Un año antes, dicen las crónicas que hubo un fuerte terremoto en ese rincón zacatecano, a partir del cual se formó el parque Hundido, y acudió a atestiguar los rescates y quizás, ver de primera mano ese México de "fanáticos" que había vencido en la mesa de negociaciones el mismísimo jefe Máximo. Chalchihuites perteneció al alguna vez poderoso estado de Jalisco, hasta 1857, en que se le acortaron fronteras e influencia política. María y su familia regresaron al pueblo en 1931. Su padre había sido asesinado ese aciago año de exilio.



Casi el siglo
María Antonia regresó a Chachihuites a atestiguar la liquidación de la hacienda familiar. Don Pedro había sido un hombre de ciertos caudales, muy carismático, pródigo en amores y sus frutos. La hoy nonagenaria dice, como si confesara un secreto de Estado: "nosotros somos de una segunda familia".

"El papá de mi mamá vivía en Huejuquilla; fue por nosotros porque nuestra casa la vendieron, que para para drogas [deudas] que tenía mi papá". A la pequeña siempre la trataron con deferencia los de la familia "principal", había un espíritu de cofraternidad. Pero los asuntos de dinero son terminantes: "el papá de mi mamá nos llevó a un rancho a siete kilómetros de Huejuquilla, y éramos muy felices, pero como no había escuela, eso no estaba bien". Eso decidió a su madre a partir a Fresnillo, que ya prosperaba como capital regional. Allí retomó estudios, y vio a su madre volverse a casar, lo que la hizo vivir con unos hermanos de su padre. Doña María se casó en esa ciudad y unos años después migró, por razones de trabajo de su marido, a Guadalajara. Tuvo nueve hijos, cinco mujeres y cuatro hombres. Hoy ha visto despuntar la quinta generación: la sangre de los Quintanar sigue llenando al mundo.



El caudillo
El 14 de agosto de 1926, "El ejército detuvo al párroco de Chalchihuites, Luis Bátiz, hombre pacífico y muy querido por el pueblo. Al día siguiente llegó al mercado el tratante de ganado Pedro Quintanar, personaje influyente y respetado, y los paisanos le pidieron que liberara al párroco. Quintanar fue a emboscar a los soldados, pero en el combate murieron los prisioneros que ellos tenían. Quintanar convocó a más hombres de toda la región, y el 29 de Agosto entraban en Huejuquilla el Alto [Jalisco], donde derrotaron a un contingente de 50 soldados" (de La Cristiada, de Jean Meyer, en el sitio http://cronicasdeuncristero.blogspot.mx/p/la-guerra-cristera.html).

¿Qué le contaron a la chamaca entonces de apenas dos años? "Llegó mi papá y remojó su mano en la sangre de los mártires, se persignó, se levantó y gritó: Dios mío, he de vengar la sangre de estos inocentes. Eso contó un pastorcito; se rebeló mi padre desde ese momento, y hubo mucha gente que al saber esto lo siguió: don Pedro, lo seguimos hasta donde quiera, la gente no tenía armas en los ranchos, pero tenemos machete y armamos un corazón para defender a la religion, y pues ya, que se hace la revolución..." recuerda emocionada, solemne, fervorosa.

Allí nació la leyenda de Pedro Quintanar, quien vino al mundo en 1866 en La Boquilla de los Quintanar, municipio de Sombrerete, según su hija. A la sazón sería uno de los principales comandantes cristeros, el jefe indiscutido de la zona norte. La rebelión incendió a casi medio país.


".. Ya que se acabó la revolución, él no se entregó; la gente que quiso se dejó sus armas y todo, pero mi papá siguió su camino hasta su rancho [...] cuando nos desterraron al norte, él llegó a Chihuahua disfrazado, fue ese mismo año de 1930 que lo vi por última vez; trabajó un poquito para el gobierno, le dieron trabajo...".

Don Pedro solía llevarse a sus labores en ese retiro pacífico a un nieto, Rogelio, de solo quince años. La compañía para la que laboraban recibió la orden de ir a Ojinaga. "Ya estando en Ojinaga, los compañeros de mi papá le dicen a Rogelio, muchacho, nos vamos ir a bañar y no llevamos armas; tú no puedes ir porque eres muy joven y vamos puros grandes, asi que quédate aquí, nos bañamos y regresamos [...] no sé cuánto tiempo pasó, pero llegaron con Rogelio, y le dijeron: oye hijo, tuvimos un encuentro con unos contrabandistas y le tocó la de malas a tu papá. Salió en los periódicos que se habían encontrado con unos contrabandistas y por eso murió, pero sabemos que lo querían matar, siempre nos dijeron que fue el gobierno traidor...".

Fue uno de los 1,500 mandos cristeros ejecutados "extrajudicialmente", lo que provocó, al paso de los años, una segunda insurrección, ya de desesperación, abandonados los guerrilleros por sus pastores y la pacificada grey.

"Mi papá trabajó en el gobierno unos días, no fue mucho, unos cuantos días", reitera María, para que no quepa la duda: "querían vengarse de él. Era un hombre muy valiente, que defendía las causas de la gente", repone con orgullo.

Su íntima certeza: "...os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernantes y reyes por mi causa, para que deis testimonio ante ellos. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése se salvara" (San Marcos 13,9. 13).





Claves

ABC de la Cristiada

La Cristiada o guerra cristera fue una insurrección católica con motivo del cierre de culto ordenado por la jerarquía debido a la aplicación de la Ley Calles

La primera Cristiada es de 1926 a 1929; los asesinatos de líderes que depusieron las armas motivaron una segunda insurrección, más larga e infructuosa (1932-1941)

El gobierno mexicano reconoció en 1985 la muerte de 250 mil personas en esta guerra civil

Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Colima, Nayarit y Durango conforman el núcleo de la rebelión

Pedro Quintanar, con la toma de Huejuquilla, en agosto de 1926, comienza la guerra de guerrillas



martes, 27 de marzo de 2018

Conagua dejará la presa El Zapotillo en 80 metros


El organismo señala que dejarán la obra funcional para operar, y será tarea de la siguiente administración decidir si se insiste en los 105 metros.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

El gobierno de Enrique Peña Nieto ha decidido dejar la presa el Zapotillo a 80 metros de altura y con su canal de desfogue para que pueda eventualmente utilizarse, si es decisión de la siguiente administración; debido a los problemas judiciales del proyecto a 105 metros, y a que estos no tienen fecha de conclusión, no insistirá más en esas dimensiones, sino que se dejará un proyecto seguro de operar, dijo este martes el director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Roberto Ramírez de la Parra.

De gira por el valle de Tesistán, donde entregó obras de modernización del sistema de pozos que abastece a la ciudad, el funcionario señaló que están ya asignados 3,700 millones de pesos para continuar con las obras de la presa derivadora El Purgatorio, cinco kilómetros aguas arriba, en el río Verde, de la confluencia con el Santiago. El proyecto demorará alrededor de dos años y medio en ser concluido. También se han mejorado los equipamientos de pozos en los sistemas metropolitanos para resolver la temática de la escasez, que se suele agudizar entre los meses de marzo y junio por la sequía temporal.

“Acuérdense que la presa tiene un problema de carácter judicial, y no ha resuelto el tema de los amparos, y derivado de ello es que acordamos con el gobierno del estado seguir adelante en las otras obras que ya habíamos visualizado como posibles para abastecer al área metropolitana de Guadalajara […] ya tiene muchos años, y me parece que es un poco imposible especular. Nosotros ya hemos concluido la presa a 80 metros, no podemos pensar una presa en 105, la administración entregará la presa a 80 metros; ya concluimos la cortina, reforzaremos el canal de salida durante este año, y hacer un canal de llamada lateral, justamente para el caso en que la presa se llenara, tenga una salida. Queremos dejar esto concluido. Si no decide la autoridad siguiente ir a la presa a 105 metros, puede operar sin problema a 80 metros”, destacó.

Ramírez de la Parra destacó que Peña Nieto se comprometió a aumentar la dotación de agua para la ciudad, y que obras como el cierre del acuaférico, la modernización de los equipos de pozos y los trabajos de desazolve del canal de Atequiza tienen ese cometido. De hecho, la modernización de pozos hace posible incrementar la cuota de agua en alrededor de mil litros por segundo, equivalente a 10 por ciento de lo que consume la ciudad.

De las obras entregadas, este martes, el detalle lo dio el director del SIAPA, Aristeo Mejía Durán: “el compromiso presidencial CG-231 de dotar de 972 litros por segundo para mitigar el déficit ha sido sobradamente cumplido. La meta, ahora alcanzada, es de 1,319 litros por segundo, lo cual fue posible mediante acciones en 37 pozos, de los cuales 17 son nuevos pozos; se rehabilitaron quince y se equiparon cinco, junto a instalación de sus líneas de conducción”.

Para cubrir la inversión de pozos, el gobierno federal aportó 188 millones de pesos y el organismo operador, 59 millones, para un total de 247 millones. “Junto a ello, el Programa Tu casa con agua, la suma invertida fue de 510 millones de pesos”.

Precisó Mejía Durán que el lago de Chapala se mantiene como principal fuente de abastecimiento, a lo que se agregan la presa Elías González Chávez y los mantos subterráneos. “La suma de los caudales ha cubierto limitadamente la demanda de la población pero no ha quedado resuelto cabalmente el abasto, por lo que de todas maneras los esfuerzos y trabajos continúan pues la atención a los crecientes requerimientos es un reto permanente”. Consideró indispensable “retomar proyectos para el suministro de nuevas fuentes”, sin precisar más.

El titular de la Conagua dijo que el “acceso al agua fácil” ya se terminó, por lo que es fundamental la planeación y la realización de obras de infraestructura, aparejada con acciones de uso racional y reciclaje. Las obras de El Purgatorio dan agua para un equivalente de cerca de tres millones de personas, 60 por ciento de la población del AMG.

domingo, 25 de marzo de 2018

Comuneros alerta por desapariciones


Sigue sin dar su versión el presidente municipal de Villa Guerrero.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Comuneros de San Lorenzo Azqueltán denuncian que pese a las denuncias públicas, no han cesado de crecer las tensiones con la presidencia municipal de Villa Guerrero, en el norte de Jalisco.

Si bien, ayer fue localizado con vida el dirigente José Aguilar Márquez, quien estuvo dos días sin ser localizado, también está desaparecido Ismael Herrera, "que es un golpeador de los pequeños propietarios, demandado por despojo a los comuneros. Andan patrullas de ministeriales y otras de sicarios rondando. Al parecer responsabilizando a la comunidad y sus autoridades. Muchos comuneros se fueron desplazados a los cerros por falta de garantías de seguridad y por la amenaza de criminalización", alertaron la noche de ayer los voceros de la comunidad.

"Su abogado en las audiencias de despojo es el director de seguridad pública de Villa Guerrero, Fernando Gutiérrez González (...) todo está muy tenso, nosotros estamos bien, pero hoy mucha gente dormirá en el cerro, estamos viendo las mejores vías jurídicas y políticas para afrontarlo", añadieron.

La cabecera de Azqueltán está como a media hora en carro de la cabecera municipal.

El presidente del consejo de vigilancia de San Lorenzo, José Aguilar Márquez "ha sido amenazado de muerte para despojarlo de los terrenos donde trabaja la tierra por supuestos pequeños propietarios, además de señalar los graves despojos que viven los comuneros y comuneras de Azqueltán. Incluso don José, junto con la comunidad, interpuso una denuncia de despojo en contra de Ismael Herrera", el parvifundista desaparecido.

MILENIO JALISCO intentó localizar vía telefónica al presidente municipal Aldo Gamboa, sin obtener respuesta.

GPE

sábado, 24 de marzo de 2018

El mito del mundo indígena


El mito del mundo indígena

El problema esencial de nuestra democracia precaria es la ignorancia. Millones de mexicanos alfabetizados pasivamente y con rudimentos de ciencia, están inevitablemente desprovistos de las herramientas intelectuales básicas para distinguir siquiera las noticias reales de las llamadas “fakes”, y por ende, dan poca esperanza para que se pueda construir procesos intelectuales serios, críticos y democráticos que tanto necesita un país entrampado entre emociones elementales, carencia históricamente aprovechada por todos los caudillos, grupos, facciones y partidos políticos que en el país han sido, y son.

Lo indígena se mantiene como un mito difícil de desarticular con herramientas críticas. Fue una de las grandes reivindicaciones de la Revolución Mexicana, y un reconocimiento que ha dado vista a la enorme y heterogénea realidad que alberga el país demográfica y culturalmente más indio de América. Pero cuando se mira de cerca el proceso, salen las grietas y los resquebrajamientos.

Partamos de lo histórico. En grandes líneas, el derecho indígena que se aplica en México y que deriva de la gesta de 1910, es heredero de las Leyes de Indias generadas por el imperio español. Esta normativa colonial proteccionista y vindicadora del derecho al territorio fue primero materia de reclamaciones del bando conservador, sencillamente porque los liberales del siglo XIX, entre ellos, algunos insignes indígenas, no consideraron importante mantener la pluriculturalidad del país, y por el contrario, la veían como amenaza: lo más compasivo que se les ocurría era la posibilidad de integrar a los aborígenes al país mestizo. También veían un obstáculo insalvable en las formas de organización, producción y tenencia de territorio y recursos por miles de comunidades que llenaban la geografía del país de extraños originales, la perpleja otredad a los ojos de una república que anhelaba sentarse a la mesa de las naciones modernas y del capitalismo triunfante. Esto de algún modo maridó en luchas a los aborígenes con la iglesia católica, donde la versión liberal fue derrotada por el extremismo de los bandos y también el grupo tradicional luchaba por privilegios heredados del régimen colonial. El caso de Manuel Lozada, muy bien estudiado por Jean Meyer, es modélico.

La fatal incomprensión de los liberales al tema indígena fue parte de los cobros que buscó aplicarle la insurrección social, donde el zapatismo retoma la bandera de Lozada, pero en general, el tema encuentra eco en muchos de los líderes que a la postre ganaron la Revolución. La bandera de “Tierra y Libertad” (mismo eslogan de los rebeldes populistas abanderando campesinos, y posteriormente del partido eserista, tanto en la Rusia zarista decimonónica como en la que alumbra la revolución de octubre: Zemlia i Volia, ¿Quién dijo que hace dos siglos no había mundialización?) fue una proclama que se degradó con el manoseo.

El gobierno hace actos de justicia al regresar las tierras a sus dueños legítimos, pero no se debe dejar de señalar la demora entre la Constitución de 1917, la emisión de decretos restitutorios (para las regiones indígenas de Jalisco eso ocurre sobre todo en los años 50 y 60), y la ejecución de los mismos (no ha culminado un siglo después).

¿Cómo hacer de lado las construcciones de una burocracia agraria y un aparato de justicia, fuertemente expuestos a la arbitrariedad del poderoso en turno –el gobernador, el presidente- y al juego de los intereses? El caso de los nahuas en Ayotitlán es muy interesante, pues se ha documentado que los títulos virreinales que poseían –las leyes agrarias y el artículo 27 daban valor definitorio a la existencia de títulos reales emitidos en el periodo colonial para sacar adelante restituciones- fueron “extraviados” oportunamente por abogados ligados a madereros que desangraban la Sierra de Manantlán en los años 50 y 60, además de los nacientes intereses mineros que mantienen a la fecha fuertemente condicionada a la comunidad aborigen.

Ese extravío de papeles hizo que la restitución se revirtiera a un proceso de dotación de ejidos que si bien otorga alrededor de 50 mil hectáreas entre dotación y ampliación, no sólo se queda lejos de la superficie original, sino que no ha garantizado el goce de los terrenos, y a juicio de los propios aborígenes, ha acelerado la descomposición de la estructura comunitaria, la pérdida de valores culturales, tanto de lengua y vestimenta como el cultivo de especies de maíz, frijol y calabazas “criollas” de la región, uno de los sitios donde se abrió pasó por primera vez la revolución agrícola americana, la domesticación de alimentos que son ahora parte esencial del grupo de productos que alimenta a la humanidad.

Y si estos golpes a los nahuas del sur no han alcanzado igual a los huicholes o wixaritaris del norte, es en buena medida porque en la segunda década del siglo XVIII, con la conquista del Nayar, lograron un acuerdo ventajoso para preservar su cultura mientras los españoles se empeñaban en desmontar el poder e influencia del hermano mayor de la Sierra Madre Occidental, los coras o náyeris.

“Es algo que a antropólogos como Philip Weigand lo llevaban a hablar de la zona nayarita o el gran Nayar, en cuanto a que coras, huicholes y tepehuanes compartían el culto solar, la realización de los mitotes, el culto a los antepasados a través de las momias; los coras nayaritas comenzaban a ser los nuevos líderes regionales, ellos hasta 1722 recibían tributo de huicholes y tepehuanes, lo cual apunta a una unidad política interesante, pero el proceso de la conquista rompe con este esquema, hoy tenemos referencias del tributo de huicholes y tepehuanes, les decían ‘nuestros hermanos mayores’; los huicholes llevan todavía ofrendas a lugares muy específicos en El Nayar, como en algunas partes del río Bolaños o en San Lorenzo Azqueltán”, señala el antropólogo Víctor Téllez.

La otra gran ventaja es que las montañas huicholas fueron remotas hasta hace muy poco tiempo. Pero nada de esto obsta para que las comunidades hayan padecido procesos de división con el empuje de ganaderos mestizos desde los gobiernos estatales de Nayarit, Zacatecas y Durango, con la racista indiferencia de Jalisco, que aún a la fecha, no se ocupa de una de las consecuencias más obvias de esa segunda conquista de sus montañas en los años de la Revolución: que los límites de Jalisco en la zona han sido “tragados” por estados vecinos en más de tres mil kilómetros cuadrados, lo que borra la continuidad territorial entre Tequila y San Martín de Bolaños, y ha obligado a los aborígenes a imaginar, crear y consolidar nuevas instituciones para rescatar su tierra sagrada: eso es la clave histórica para explicar reivindicaciones como Guadalupe Ocotán en Nayarit, cercenado de San Andrés Cohamiata, o Bancos de Calitique en Durango, también despojado a esa comunidad de Mezquitic.

Mientras, la mayor de las comunidades wixaritari, San Sebastián Teponahuaxtlán o Wuaut+a, mantiene un fuerte expediente de restituciones que los tiene enfrentados, con riesgo de violencia, con los ganaderos nayaritas de Huajimic. Jalisco también opera tibiamente en el tema, y el gobierno federal está lejano e indiferente. Apenas se han consumado hasta ejecución dos expedientes, hay en puerta cinco en marzo y abril de este año, pero casi medio centenar de juicios no han llegado. La magnitud del despojo rebasa diez mil hectáreas, sólo van unas 240 ha.

Los temas de comunidades indígenas y tenencia de la tierra ameritarían explorar los graves problemas padecidos en comunidades tradicionales ubicadas, por el avance de la ciudad, en el área metropolitana de Guadalajara: Tlaquepaque, Tlajomulco, Tonalá, Tateposco, Santa Ana Tepetitlán, San Juan de Ocotán, Zapopan, Mezquitán o San Esteban, merecen una observación detenida: han sido teatro de despojos para incorporar tierra barata a negocios inmobiliarios de gran calado. También es útil pasar el lápiz por otras regiones muy presionadas por proyectos de infraestructura, minería o desarrollos turísticos: Barra de Navidad, Tomatlán, Cabo Corrientes, Puerto Vallarta, Cuzalapa, y fuera del estado, pero cerca de su corazón indígena, el emblemático proyecto hidroeléctrico de Las Cruces, que afecta tierras coras y la vieja relación con sus primos huicholes, así como el mítico peñón de Haramaratsie, en el antiguo puerto de San Blas.

No se debe perder de vista que si algo han hecho por décadas los indígenas y sus agentes es usar los instrumentos del derecho para hacer valer sus propósitos. No es casual la pionera recomendación 122/95 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que obligaba a Jalisco y Colima a resolver sus diferendos en la zona de Ayotitlán (cosa no resuelta a la fecha).

El otro mito que hay que diseccionar en el caso de las comunidades indígenas es relativo a la calidad de los derechos humanos que se respetan en su interior. La misma región huichola, sumida en controversias por expulsión de comuneros que han adoptado confesiones cristianas protestantes, obliga a matizar: si bien, la decisión se puede comprender en el contexto de su vieja lucha de preservación cultural (con todos los riesgos que entraña, el mayor de ellos, su derrota ineludible ante la influencia corrosiva de los moldes tradicionales que trae cualquier versión de la modernidad), sin duda es contradictoria si el reclamo de respeto exigido al mundo mestizo parte de ese mismo bagaje de principios de la Declaración de los Derechos del Hombre que es fundamento de las Naciones Unidas. Y la libertad religiosa, de ideas y expresión, es fundamento de los derechos humanos.

Esto toca sin duda el caso de los derechos de las mujeres: en todo el país se ha documentado ampliamente esa inequidad que llega a lo ampliamente discriminatorio. Un síntoma indudable de búsqueda de salud es la designación de una vocera jalisciense, del pueblo Nahua de Tuxpan, María de Jesús Patricio, para buscar una candidatura presidencial simbólica en 2018 que encarna en buena medida el reclamo de los días del zapatismo chiapaneco que incendió al país en los años 90: “nunca más un México sin nosotros”. Pero el proceso demanda una vigilancia institucional permanente, y un fuerte proceso educativo que retire los miedos sobre el papel que el elemento femenino –se ha demostrado en muchas partes- puede desempeñar para llevar al desarrollo “desde adentro” de las comunidades.

Evidentemente hay la necesidad de un gran proceso de reconciliación con las instituciones nacionales, ante el agotamiento del modelo clientelar que tantos dividendos dio al PRI-sistema en el pasado. Más obligado aún, ante la presencia indiscutible, cruenta, ominosa, de grupos de criminales en buena parte de las montañas de Jalisco y México, con toda la carga de desafío a las instituciones y de daño y violencia a las poblaciones locales. Es fundamental arrancar a los pueblos indios de las garras de los nuevos encomenderos, de estos nuevos señores feudales.

La capacidad humana por excelencia, dijo en un momento memorable el gran Cornelius Castoriadis, es la imaginación. La imaginación enciende la capacidad de cooperación a través de mitos compartidos por cientos o miles de humanos, y si bien, estos mitos siempre podrán y deberán ser discutidos, se mantienen como el mejor vehículo para articular un proceso civilizatorio que demanda reparaciones mayores si se desea que siga incluyendo a tantos millones de mexicanos diferentes que también son México; esos sujetos y espacios de la otredad que es perplejidad para “el inevitable hombre blanco” (Jack London).

Agustín del Castillo

Tres hombres venden su proyecto de país




Los candidatos lisonjean al poderoso sector de los constructores; López Obrador se lleva los estelares; Anaya recrimina “promesas irresponsables”, Meade niega que “este arroz ya se coció”.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

causar ligeros estremecimientos con sus advertencias de revisar los grandes proyectos del peñismo, como el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y el tren rápido Toluca-DF, presuntos monumentos a la corrupción neoliberal.

“Un Estado que no procura la justicia no es más que una banda de malhechores”, resume el tabasqueño con un credo tolstoiano, bebido de fuentes mucho más antiguas, cristianas y ortodoxas: La ciudad de Dios, de San Agustín de Hipona. La premisa del aspirante de Juntos haremos historia es que el problema fundamental de México es moral. Y si bien, desde hace semanas ha corregido que su celo justiciero estará enmarcado en el espíritu de las leyes, pues es tan demócrata como el mejor Montesquieu, advierte: “no hay un cheque en blanco”, pues en su equipo no están dispuestos a que su predecesor les deje comprometida la Hacienda por lo que consideran negocios de dudoso valor para la república, apremiada por la violencia y la inseguridad, la inequidad y la creciente concentración de la riqueza por caminos del privilegio.

Entre las nueve de la mañana y las dos de la tarde, sin tropezarse entre sí, los abanderados de “Por México al frente”, “Juntos haremos historia” (parecen más eslóganes que coaliciones) y el gobernante PRI, han hecho acto de presencia en la 29 asamblea convocada por la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC). La presencia en un entreacto del desinflado “jaguar” Armando Ríos Piter –el penoso sainete final de firmas falsas para un candidato con propuestas sensatas- sirve de colchón para ahorrar saludos entre López Obrador y Meade.

La jornada ha sido inaugurada por el acicalado Anaya Cortés, quien se ofrece como alternativa al desprestigio del tricolor gobernante, pero mantiene distancias con los postulados “populistas” del hoy puntero en las encuestas. Así, destaca que construir seis refinerías con un presupuesto similar al de Baja California, pero durante 40 años, es un “disparate” porque la tecnología del auto con motor de combustión interna está por llegar a su fin. “En 2024 los autos eléctricos costarán igual que los tradicionales”, y serían 700 mil millones de pesos “tirados a la basura”. Cancelar el proyecto del aeropuerto en Texcoco es otra mala idea. Pero no es apuren, “Ya saben quién no va a ganar”. Aplausos, risas. La lucha contra la corrupción demanda voluntad, pero no personalismos de “iluminado”, sino diseño institucional y consolidación de instituciones autónomas como el Ministerio Público, así como compromisos de los empresarios en contra de los “moches”. El combate a la pobreza demanda reconfiguración de 6,500 programas sociales que no confluyen en un padrón único y no suelen tener reglas de operación.

Hace falta consolidar el Estado de derecho; hace falta un crecimiento económico equitativo; hace falta recuperar la paz, pero de nuevo, “el indulto a criminales hizo más fuerte al narco en Colombia en los años 90”; tampoco sostener la estrategia de ahora, de probado fracaso a diez años de implementada. Hace falta recuperar el respeto de los Estados Unidos, no pagar un muro, sino rescatar una relación de dignidad y equidad como vecinos mutuamente necesarios. “No aspiro a administrar la mediocridad”, remata, y da fin a su power point.

La salida de Anaya da pie a la presentación estelar: la realidad ha decidido que el político por hoy fundamental es Andrés Manuel López Obrador. Confiado, relajado, autoirónico (“ya sé que dicen que no hablo de corrido”), fronterizo con lo políticamente incorrecto (se distrae, al parecer de manera involuntaria, cuando una curvilínea edecán se le cruza atrás del podio para entregar unos papeles al anfitrión Gustavo Arballo Luján), directo en sus planteamientos. Como político tradicional, no trata de deslumbrar con una presentación: en diez minutos resume cómo “estamos buscando un cambio verdadero” y no el “gatopardismo”; que busca acabar “la monstruosa desigualdad económica” y con las pensiones de los expresidentes “que no tiene ni Obama (risas).

Será el fin de los “moches” y el fin de las “asignaciones directas” injustificadas; será la reactivación económica vía la obra pública (“no es teoría, está muy probado”, aplausos); será el final de los “elefantes blancos”: escuelas, hospitales, casas de la cultura y bibliotecas abandonados, caminos que no van a ningún lado, obras construidas sin consulta a las comunidades y congeladas por amparos y juicios de nulidad. Será la posibilidad de que el abastecimiento de agua se resuelva mejorando el estado de las redes de las ciudades para disminuir pérdidas y no costosos megaproyectos (inevitable pensar en la presa El Zapotillo).

Javier Jiménez Espriú, su asesor en el tema, presenta las objeciones al nuevo aeropuerto por lo que estima una errónea planeación, un inadecuado cambio de uso de suelo y un costo faraónico. Se sobresaltan Arballo y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón, pero le arrancan el compromiso, con saludo firme de mano, de establecer mesas de trabajo con técnicos del gobierno y de los empresarios, para tomar decisiones responsables antes de que el 1 de diciembre “nos dé una sorpresa”.

Con AMLO se respira un ambiente de hechos consumados. Pero casi dos horas después, José Antonio Meade, con menos convocatoria que el morenista, señala que dará la batalla.

La última presentación rebosa cifras, diagramas, mapas, datos duros y optimismo. Apela a reconocer logros reales del último siglo, y evitar el fatalismo de que “México siempre será un país en vías de desarrollo”. También sostiene que la elección apenas está por empezar, y que no sería la primera ocasión que el puntero se cae (risas, algunos rostros de alivio, escepticismo en muchos más). Incluso hace chistes al hablar de sí como titular de Hacienda en dos gobiernos y sus buenas relaciones y magnífica disposición con los constructores (pero no le entienden, no reacciona la concurrencia: ya sé que no aplauden). Viene la defensa del aeropuerto, que se pagará casi completo con la tarifa aeroportuaria y sólo de forma secundaria por dinero fiscal, y generará hasta 450 mil empleos.

Sólo es posible el desarrollo con Estado de derecho y facilidad de país para hacer negocios. Esas reglas están en juego el 2 de julio, porque algunos no las pretenden apoyar. Pero la campaña no ha empezado, “no es cierto que este arroz ya se coció”.

MC

viernes, 23 de marzo de 2018

Red de parques pide frenar agresiones a áreas verdes


Destacan que el proyecto de drenaje pluvial significa graves daños a áreas públicas de la ciudad.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Los miembros de la Red de Parques de la zona metropolitana de Guadalajara, hicieron público un manifiesto en que invitan a las autoridades federales, estatales y municipales a "suspender de manera inmediata las agresiones a las áreas verdes, parques, cerros, barrancas, bosques y lagos de la ciudad, resguardando derechos prioritarios de los ciudadanos como es el de la vida, la salud, la sustentabilidad", a propósito del análisis de la manifestación de impacto ambiental para el programa de drenaje pluvial para la prevención y mitigación de inundaciones, que promueven los ayuntamientos y el gobierno del estado a través del SIAPA.

Piden, además, "dejar de ceder terrenos y superficies Verdes, Públicas y Abiertas en contra de la sociedad, que no atienden a una planificación estatal ambiental, y urbana sustentable", de acuerdo al manifiesto que leyó la presidente del Instituto de Derecho Ambiental (Idea), Raquel Gutiérrez Nájera.

"Hacemos un llamado a todos los candidatos a cargos públicos en los ámbitos de los poderes legislativo y ejecutivo a incorporar la Agenda de la Sustentabilidad de manera prioritaria y cambiar el rumbo de la gestión hídrica en México. Agua, bosques y Territorio [suelo y subsuelo], sin duda alguna deberán ser ejes de una nueva gobernanza del agua en México a efecto de garantizar la actividad económica y la vida misma", explicó.

El proyecto "se desarrollará en los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco y el Salto. El programa consiste en 114 acciones, obras y colectores, depósitos, presas y encauzamientos en las subcuencas de Atemajac, San Juan de Dios, San Andrés, Osorio, San Gaspar, El Ahogado, Blanco, Hondo y Caballito, la mayor parte de ellas a realizarse en el municipio de Guadalajara, le sigue Zapopan y Tonalá y una parte importante del municipio del Tlaquepaque, Tlajomulco y el Salto".

La mayoría de las obras hidráulicas "se desarrollarán en áreas verdes, espacios deportivos y terrenos propiedad de los gobiernos estatal, federal o municipal. El caso extremo es en el municipio de Guadalajara donde serán impactados espacios públicos de gran relevancia como lo son el Parque San Rafael, el Deán, Solidaridad y unidades deportivas como la López Mateos y el área recreativa de football en Isla raza e Isla Antigua que está junto a la escuela Rosario Castellanos y la Secundaria Técnica 14. La MIA expresa que estos espacios no tienen ningún valor ambiental, mas sin embargo no se hace una valoración de los servicios públicos y ambientales que los habitantes de Guadalajara dejarán de percibir y beneficiarse por las obras ya que los proyectos ejecutivos no están a la vista a pesar de que se dice que cada proyecto se valorará in situ".

La MIA "no realiza una evaluación sobre el impacto de las obras en los acuíferos, a consecuencia de las obras de encauzamiento, depósitos y colectores"; sin embargo, la investigación científica ha demostrado que las áreas verdes "son de gran importancia para el bienestar humano, brindan una serie de servicios ambientales como la generación de oxígeno; la captación de partículas, disminuyendo así los niveles de contaminantes en el aire; regulan el clima, evitando las llamadas islas de calor; amortiguan los niveles de ruido; sirven como captadores de agua, reduciendo las inundaciones y la erosión del suelo", añadió Gutiérrez Nájera.

También "permiten la conectividad con las áreas verdes naturales, representando corredores que sirven de refugio, protección y alimentación de fauna silvestre. Sin embargo también constituyen un aspecto social importante, pues además de mejorar el paisaje urbano, permiten la integración social e influyen significativamente en la calidad de vida en las ciudades".

En el marco del Día Mundial del Agua, el Idea y la Red de Parques de la AMG "solicitamos un cambio de rumbo en la regulación, gestión y política hídrica de México, que favorezca el diálogo nacional con la participación de los pueblos indígenas, las universidades y las organizaciones sociales, para evitar un colapso hídrico generalizado, y sentar las bases para un buen gobierno del agua que permitirá cumplir con el derecho humano al agua y a la alimentación de toda la población".

SRN

Crecimiento urbano de corto plazo juega contra el agua


Orozco Ochoa advierte que el modelo de urbanización debe adaptarse a la realidad del agua, y no al revés.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Al área metropolitana de Guadalajara "le hace falta desde hace casi cuatro décadas, voluntad política para destinar recursos necesarios" para resolver sus acumulados pasivos en el tema agua, advierte el consultor en temas urbanos, y ex director del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan), Alberto Orozco Ochoa.

"Desde hace casi cuatro décadas, las autoridades no logran definir las fuentes óptimas que aseguren el abastecimiento de agua que el AMG requiere, así como destinar recursos a la financiación de la ampliación y modernización de la infraestructura hidráulica", señala en un análisis del tema que entregó a MILENIO JALISCO.

"El crecimiento desordenado de la mancha urbana y los asentamientos irregulares sin dotación de servicios básicos, entre estos el agua potable, provoca que un porcentaje considerable de la población se abastezcan del líquido por medio de pozos contaminados. El modelo vigente de crecimiento del AMG con todas sus implicaciones nos ha permitido reconocerlo como insostenible por sus efectos negativos en todas sus dimensiones [social, ambiental y económico]. Un ejemplo claro de esto es el origen de las inundaciones que deriva principalmente de las modificaciones realizadas a los cauces naturales sin realizar las previsiones necesarias para evitar o en su caso, por lo menos mitigar sus conocidos efectos", explica.

Actualmente, "de las aguas saneadas en tres plantas de tratamiento se reutiliza menos de 1 por ciento, en gran parte debido a que en el AMG no se promueve adecuadamente la delimitación de nuevas zonas industriales especiales bajo la perspectiva de sustentabilidad y eficiencia, de manera que incentiven su relocalización al concentrarlas en proximidad a las plantas de tratamiento de aguas residuales existentes –por ejemplo, en un radio de hasta 1.5 km- con el objeto de crear redes de infraestructura hidráulica exclusivas para el manejo integral de aguas residuales y aprovechamiento de aguas tratadas".

De este modo, "la realidad hoy nos alecciona que para estos problemas no existen varitas mágicas en forma de discursos prometedores; para realmente atender los problemas que conlleva la modernización y ampliación de infraestructura costosa, obligadamente coordinación intergubernamental y acuerdos para el establecimiento de planes multianuales de financiamiento público o en su caso, a través de esquemas público-privado".

Esto "exhibe la ausencia de políticas de estado diseñadas con perspectiva transexenal para la gestión eficaz de los servicios públicos, como en el caso de la infraestructura hidráulica ante el reto impostergable de su modernización, integración y ampliación—es el mismo caso de ausencia de política de estado para la gestión eficaz del sistema integral de transporte público masivo y movilidad sustentable también ineludible para el desarrollo sostenible del AMG-".

Por ello, "el tema del agua es de carácter metropolitano y por su alcance de escala regional. Por lo tanto, es de esperar que el planteamiento desde abordar su problemática como un fenómeno holístico para asegurar el establecimiento de estrategias y líneas de acción acertadas. Somos un considerable número de actores interesados que esperamos queden debidamente contenidos en un programa de desarrollo metropolitano y planes sectoriales complementarios".

Paralelamente, "es pertinente que el Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano sea revisado y actualizado a la par, comenzando por considerar las restricciones que establezca el Mapa de Riesgos Metropolitano. Los instrumentos de planeación metropolitana referidos deben reconocerse como la fundamentación para el establecimiento y monitoreo de políticas de estado que tanta falta le hacen al AMG. Todo lo anterior necesariamente en visión de un marco estratégico conforme a un perfil de resiliencia urbana actualizado como condición necesaria para asegurar el vital líquido más allá de las próximas dos décadas", puntualiza.

SRN