miércoles, 6 de mayo de 2015

Una ley que afecta intereses de las élites entra a discusión



Ley estatal para la acción ante el cambio climático. El proceso legislativo determinará la viabilidad de los ambiciosos objetivos de la propuesta del gobernador para tener una norma que reduzca la huella ecológica

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO.

La primera mitad del siglo XXI, en marcha, es decisiva para el futuro de las civilizaciones terrestres: lograr detener, luego reducir y finalmente eliminar -vía nuevas formas de organización, nuevas tecnologías y crecimiento de sumideros naturales de carbono- las emisiones de gases de efecto invernadero, que han acelerado el fenómeno del cambio climático, es la colosal tarea de los políticos, los empresarios, los líderes comunitarios y la sociedad misma. Y ese es el logro esencial que indicará que tuvo éxito la Ley para la acción ante el cambio climático del estado de Jalisco, cuyo proyecto presentado por el Ejecutivo del estado hoy está bajo estudio del Congreso de Jalisco.

Los plazos graduales para que surta efectos ya estaban fijados de antemano en la Estrategia Nacional de Cambio Climático: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en 30 por ciento a más tardar en los siguientes 55  meses (la fecha límite, 1 de enero de 2020), y al menos en 50 por ciento en los siguientes treinta años.

No obstante, el artículo 30 del proyecto de Ley es claro: “El objetivo general a largo plazo de la implementación de la política estatal en materia de mitigación del cambio climático es lograr que el estado de Jalisco cuente con una tasa cero de pérdida de carbono, es decir, que sea neutro en carbono o que las emisiones anuales de compuestos y gases de efecto invernadero sean menores o iguales a las absorciones en los sumideros y reservorios de carbono y gases de efecto invernadero”.

Esto significa nada menos que una drástica transformación en el modo de vivir y el modo de generar riqueza que tienen los jaliscienses. La economía tendrá que dar un vuelco: las necesidades de energía deberán ser satisfechas de forma mayoritaria por fuentes de bajas emisiones (energía fotovoltaica, eólica, con metano y gases de desecho, y aunque son polémicas en su impacto ambiental, hídrica o geotérmica); las ciudades deberán ser rediseñadas para que la movilidad demande menos combustible fósil; las rutas de comercialización deberán acortarse aunque la tendencia de la globalización sea opuesta (por ejemplo, las frutas y verduras de la región abastecen primero los mercados locales); se deberán dimensionar las oportunidades de negocio (industrias, turismo, servicios) a la disponibilidad  natural de los recursos de las cuencas donde están implantados (agua, clima, biodiversidad); y los empleos deberán estar sustentados en esa base de servicios naturales de manera que tengan más garantía de permanecer.

En el plano de gobierno, se requiere que la famosa “transversalidad” de lo ambiental afecte a todas las dependencias que manejan recursos para el fomento al desarrollo: no se debe dar subsidios a actividades generadoras de altas emisiones, y por el contrario, es necesario estimular negocios “verdes” o de baja huella ecológica. Esto incluye la creación del fondo ambiental que canalice recursos para que los proyectos no sean flor de un día y se sostengan en el largo plazo. También exige que la creación de infraestructura se ajuste a las capacidades de los ecosistemas a nivel de cuenca de manera que no detonen procesos de destrucción, como hasta ahora sucede con cada carretera o represa, y conservar áreas naturales y agrícolas de alto potencial.

MILENIO JALISCO consultó a expertos que participaron en alguna fase de la integración de la ley, o bien, que trabajan asuntos relacionados. Arturo Curiel Ballesteros, investigador de la UdeG y parte del grupo que elaboró las bases del Programa Estatal de Cambio Climático, opinó: “me parece que es adecuada una iniciativa estatal en materia de cambio climático. Hay varias joyas en la iniciativa, como la protección de áreas productoras de alimentos, o en la disminución de uso de combustibles fósiles. Pero estas joyas ponen al gobierno en necesario conflicto con los especuladores y empresarios que están construyendo miles de casas en las áreas productoras de alimento. Claro que es esperanzador ver que el gobierno los subordine al interés público de conservar estas áreas, cosa que no ha sucedido. Sobre dejar de usar combustibles fósiles eso es necesario y congruente con el mundo y los gobiernos con mayor visión, pero eso pone en necesario conflicto con lo planteado en la Reforma Energética que la una prioridad magna al petróleo”, dijo.

“Sin lugar a dudas la iniciativa es muy deseable; para mi gusto falta una redacción mejor, pero el contenido es poderoso”, destacó. “El primer reto es que esas joyas se mantengan en la ley final y luego que haya un gobernador de gran visión que enfrente los necesarios conflictos que vendrán en su aplicación oportuna”. 

- Pero, ¿existen los mecanismos para que esas joyas no sean simples buenos propósitos?

- Eso sería una excelente pregunta para el gobernador que la ley le daría la atribución de hacerla realidad. Lo cierto es que el primer paso sería fortalecer el debilitado capital social que tiene Jalisco y que ha provocado que las leyes no se cumplan. Uno de los mejores ejemplos es la de vialidad, que lleva más de 30 años vigente y cada vez se aplica menos, de manera particular eso que dice que se deben retirar de circulación los vehículos contaminantes.

Juan José Llamas, director del área natural protegida federal de la cuenca del río Ameca, de Jalisco y Nayarit, consideró: “De entrada una ley muy compleja y muy ambiciosa, [pero] generalmente este tipo de legislación carece de mecanismo claros para aterrizar las propuestas en el territorio. Por otra parte, Jalisco se ha destacado en la creación de organismos como las Juntas Intermunicipales, sin embargo esta ley los indica de una forma muy vaga -apenas visible al inicio del documento- y no es claro como estos organismos se vinculan en la propuesta de Ley”.



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DETALLES

Reducir las emisiones de compuestos y gases de efecto invernadero y aumentar las absorciones y el almacenamiento de carbono en sumideros (bosques y selvas, sobre todo)

Promover el desarrollo de la sociedad, la economía y la biosfera del Estado, “para optimizar la relación entre estas emisiones y los beneficios económicos, sociales y ambientales derivados de su reducción, a la par que se generan  empleos de calidad, se elevan los niveles de educación, para garantizar un ambiente sano y la generación equitativa de riqueza”

Buscar la transición “hacia una economía sustentable, competitiva y de bajas emisiones en carbono, incluyendo instrumentos de mercado, incentivos y otras alternativas”

Promover la alineación y congruencia de los programas, presupuestos, políticas y acciones de de gobierno para frenar y revertir la deforestación y la degradación; capitalizar los bosques y fomentar las cadenas de comercialización y valor agregado.

viernes, 1 de mayo de 2015

Líderes obreros, los caciques sempiternos




Patrimonialistas, autoritarios y monolíticos, así son la mayoría de los dirigentes de la restauración del corporativismo en los gremios laborales, herederos del estilo de Hernández Loza y Silva Romero

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO

Si tienen razón sus hagiógrafos, los jaliscienses no se merecen a sus dirigentes obreros: hombres humildes, ejemplos de carisma weberiano, que emergen del anonimato y la pobreza para convertirse en políticos poderosos al servicio de las mejores causas de la sociedad, sobre todo, las causas de los trabajadores, a quienes representan, casi siempre,ad perpetuam.

Para seguir ese argumento, es indispensable no confundirse: que posean dietas e ingresos vitalicios por virtud de su simple representación; que puedan heredar los cargos por vía consanguínea si el junior tiene deseos de mantener como misión en la vida la redención de los obreros; que los espacios en curules o cabildos se allanen por el peso del apellido; que mantengan la “paz laboral” a cambio de prebendas con las empresas ante las que representan al trabajador inerme; que su patrimonialismo confunda los bienes del sindicato con los propios , y que de vez en cuando ocasionen terremotos políticos en defensa de sus intereses, no significa que sea lícito confundirlos con los brutos e ignorantes nobles medievales que se repartían vidas y haciendas de sus súbditos durante siglos oscuros europeos.

No obstante, la percepción social parece no hacer justicia a esta optimista visión de los dirigentes del movimiento obrero “oficial”.

“La organización del sector obrero fue determinada mediante una relación de subordinación al Estado en la década de 1930, representante en ese momento de los intereses de los sectores populares surgidos de los ideales de la Revolución. La subordinación consistía en un compromiso mutuo entre esos sectores y el Estado en una alianza establecida a través del partido entonces llamado de la Revolución Mexicana [convertido en PRI a partir de 1946], y cuyos contenidos básicamente se centraron en el reconocimiento por parte del gobierno de estos organismos de los trabajadores y el correspondiente apoyo político al partido. El sector obrero en particular se convirtió en un interlocutor privilegiado para la definición de las políticas públicas. Este argumento ha prevalecido hasta hoy como una explicación de las relaciones tradicionales entre el sector obrero y el gobierno, aunque también ha sido expuesto como la forma de relación de la sociedad mexicana y el gobierno”, destacan Manuel Flores Robles e Ignacio Medina Núñez en “Sindicalismo en Jalisco: nuevos procesos de fin de siglo” (http://www.angelfire.com/folk/latinamerica/Sindicatos/sesion2b.pdf).

Con las crisis económicas recurrentes y la debacle de la calidad de vida de los trabajadores, acusada a partir de los años 80 del siglo XX, “se han generado un proceso por lo menos en dos vías: por una parte se ha deteriorado la capacidad de las organizaciones sindicales para hacer frente a los cambios en las relaciones laborales y la política económica del gobierno ante la dinámica global de la economía internacional provocando actitudes puramente defensivas; y por otra parte existe una respuesta organizada de nuevos grupos que intenta proponer una nueva forma de relaciones entre el sector de los trabajadores asalariados y el gobierno”.

En ese contexto, se explica el renovado auge de un sindicalismo “alternativo” que se enfrenta a los gobiernos, independientemente del color, pero que también es reprimido o minimizado al margen del origen político de las administraciones, es decir, para Jalisco no hace diferencia que sean el PRI, el PAN o Movimiento Ciudadano, refiere el líder de la principal central opositora, el Frente General de Trabajadores del Estado y sus Municipios (FGTEM), Cuauhtémoc Peña Cortés.

La transición de la era panista no cambió el estado de cosas. De un tímido intento de cambios en el mandato estatal de Alberto Cárdenas Jiménez (1995-2001), se dio una restauración completa del poder de los gremios oficiales en las administraciones de Francisco Ramírez Acuña y Emilio González Márquez. Este último se atrevió a lo que no habían considerado sus predecesores priistas oi blanquiazules: poner en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, al lado de las estatuas de hombres brillantes como Mariano Otero, Ignacio Luis Vallarta, Juan Rulfo o Agustín Yáñez, a los dos “líderes históricos” del sindicalismo local, Heliodoro Hernández Loza y Francisco Silva Romero, quienes más allá de reprimir disidentes y repartirse negocios en la zona metropolitana, apenas leían.

El movimiento obrero oficial, que hoy saldrá a las calles a conmemorar a los Mártires de Chicago, de Río Blanco y de Cananea, mantiene perfiles tradicionales. Patrimonialismo acendrado, autoritarismo, cacicazgos regionales o sectoriales. Es el sindicalismo “charro” de Alfredo Barba Hernández (CROC) y Rafael Yerena Zambrano (CTM), pero que incluye a Juan Pelayo Ruelas, líder oficial de los trabajadores del estado, o de modo más marginal, a Antonio Álvarez Esparza (FROC), de perfil más autocrítico, pero también fuertemente corporativista. Son los líderes sempiternos que los jaliscienses parecen no merecer.

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CLAVES

El sindicalismo oficial en Jalisco, hoy

Rafael Yerena Zambrano

Líder de la Federación de Trabajadores de Jalisco de la CTM (671 sindicatos, 600 mil afiliados). Ha controlado durante más de 30 años a los empleados de la industria turística, como secretario general de la Sección 92 del Sindicato de Trabajadores de la Industria Hotelera y Gastronómica, con sede en Vallarta

Antonio Álvarez Esparza

Secretario de la CROC desde 1990 y adversario de Alfredo Barba Hernández. Es considerado el dirigente tradicional con mejor preparación y discurso más articulado, en contraste con Barba Hernández. Tampoco ha estado involucrado en escándalos y hasta donde se sabe, no tiene un tren de vida despilfarrador. La cara “amable” del viejo sindicalismo

Juan Pelayo Ruelas

Secretario de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio de Jalisco, acusado de recibir prebendas del Ejecutivo para aceptar toda medida, como en el caso de la reforma a la Ley de Pensiones, que permitió inversiones de riesgo con fondos de los trabajadores

Alfredo elGüeroBarba

Tepatitlán, 1944. Líder de una de las dos vertientes en que se escindió la CROC en Jalisco (se disputa 412 sindicatos), con larga carrera como legislador federal y local, y como regidor y alcalde de Tlaquepaque. Es el líder sindical más influyente en la actualidad
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