jueves, 1 de octubre de 2015

EDIPO REY, LA CLARA CIUDAD Y LA DISPUTA POR EL PODER, UNA CRÓNICA

Alfaro se compromete a sacar 
a Guadalajara de su crisis



Mercado Corona, seguridad y espacios públicos, la agenda que atenderá hoy; se compromete a cambios de fondo y recuperar la respetabilidad de la política.

Agustín del Castillo y Victor Hugo Ornelas / Guadalajara. MILENIO JALISCO

En su discurso de toma de posesión  como presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez invocó la suerte de Edipo Rey, de Sófocles, quien se sacó los ojos al descubrir la verdad dolorosa de sus crímenes ante los ciudadanos de Tebas, y deslizó una incómoda frase para “los corruptos” que pretende perseguir, quienes lo miraban con fijeza: “muchos ex gobernantes de ahora con más razón deberían sacarse los ojos”.

Minutos después, ante una plaza de la Liberación sumida en la algarabía de miles de ciudadanos afines a su causa, se dejó de indirectas y de cortesías contenidas: ““Le faltaron el respeto a la ciudad, a la gente. Se mancharon”. Y describió el panorama de una ciudad desolada con calles destruidas, banquetas intransitables, espacios públicos privatizados, obras malhechas costosas e inconclusas, y un crimen posesionado de la tranquilidad de los tapatíos.

La medianoche de hoy habría comenzado el cambio. Alfaro Ramírez el político fue en el ágora Alfaro Ramírez el salvador de la polis. Las primeras acciones: ir a visitar el mercado Corona, “para ver qué nos dejaron” ya tiene datos de una obra a la que le ampliaron presupuesto "en lo oscurito" hace apenas dos días, y "con toda responsabilidad" determinará si hubiera delitos que perseguir; también “de ya”, los parques públicos y unidades deportivas dejarán de cobrar por su uso, “volverán a ser de los ciudadanos”; y la policía, muchos de cuyos elementos son “guardia privada” de notables del sector público y privado, regresará a su misión esencial de brindar la seguridad a todos, y no a los privilegiados, sean cuales sean las razones que se tengan para hacerlo.

A esos acuerdos que complacieron a sus seguidores y le concedieron largos aplausos, se debe agregar los que asumió en la republicana ceremonia previa en palacio municipal, donde tuvo comentarios generosos para sus mentores priistas, saludó efusivo a los dos gobernadores de izquierda que lo acompañaron –Miguel Mancera del DF y Graco Ramírez de Morelos-, a su amigo Raymundo Gómez Flores –un empresario inmobiliario frecuentemente tocado por el escándalo-, al lopezobradorista senador Alejandro Encinas y a su “líder” de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado Ranauro.

Allí le propuso al gobernador Aristóteles Sandoval una ruta de concordia a favor de los intereses de la ciudad, y que en tres meses se tenga completo el proyecto metropolitano, ese que la ha faltado a Guadalajara “en 33 años” (el plan de la zona conurbada es de 1982). La propuesta fue apoyada. En lo que difirieron ambos, sin demasiados aspavientos, fue respecto a su visión del pasado inmediato: una ciudad hundida “en la crisis más grave de su historia”; o una ciudad que comenzó cambios y obras de infraestructura de primer mundo “que juntos debemos consolidar”.

Alfaro Ramírez dijo que nada detendrá sus compromisos: los tapatíos tendrán una mejor calidad de vida con sus acciones de gobierno, y esas mejorías se verán pronto. Como suele suceder cuando emergen proyectos políticos nuevos, su discurso beligerante de la plaza llamó a un nuevo comienzo, que a fin de cuentas remite al pasado, pero no la urbe reciente, desbordada y atrofiada, de gobiernos panistas y priistas, sino a la “clara ciudad” de Agustín Yáñez, la del tolerante Mariano Otero y aún más atrás, a la del civilizador obispo “de la calavera”, Fray Antonio Alcalde.

De la crisis, Alfaro culpó a la “voracidad” de funcionarios, empresarios y magistrados (indirectas para Ramiro Hernández y el TAE) quienes dijo “han alimentado sus bolsillos” a costas de una ciudad que “hace mucho perdió su brillo”. Tanto en cabildo como en la plaza, pidió el beneficio de la duda para su gabinete –“de ellos respondo yo”-. Dijo que no le gusta ser cursi, pero para ser justos, apenas tuvo un saludo morigerado para su padre, el ex rector udegeísta Enrique Alfaro Anguiano, quien resistió marcial aunque afable el breve aliento de la emoción.

Jamás traicionaré a Guadalajara”, insistió ante los notables. Luego descendió de la sala de ayuntamiento, y dio sus primeros pasos hacia la Plaza de la Liberación. Lo acompañaba un cúmulo de pedigüeños con diferentes demandas, “eso vamos a hacer, lo vamos a hacer”, respondía sin detenerse. La escena la contemplaba un ímpavido manifestante que cargaba un letrero en su cuerpo:  “instrucción civil para todos los ciudadanos, artículo 31 constitucional”. Respeto, tolerancia, pluralidad, agolpados en una idea. Un comerciante aportaba una súplica en clave satírica: “Alfaro, contigo se les aparece el chamuco a los corruptos. Expúlsalos”. Y tal vez como advertencia contra la hybris –la desmesura del poder que es impío ante los dioses-, el eco milenario del Edipo Rey, cuando el adivino Tiresias le espeta al sabio y desgraciado gobernante: “Este día te engendrará y te destruirá”.

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