jueves, 2 de diciembre de 2010

Ampliación de un hotel amenaza playa tortuguera





Denuncias de la Conanp y de pescadores de la Cruz de Loreto contra los nuevos administradores del Hotelito Desconocido, en Tomatlán; cooperativistas denuncian que la apertura de boca del estero El Ermitaño provocó escape de camarones; la playa está intervenida incluso con obras de electricidad e infraestructura permanente, agregan; la Profepa ya investiga las denuncias

Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO. Edición del 28 de noviembre de 2010

En el playón de Mismaloya, el santuario de protección de tortuga marina más grande de México, las obras de remodelación y ampliación del Hotelito Desconocido están ocasionando presiones al ecosistema que sustenta a los quelonios, daños a la economía de los pescadores y una amplia controversia, pese a estar autorizadas por las dependencias ambientales.

La nueva administración del desarrollo turístico, que preside el italiano Giuliano Gasparotto, ha negado ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) las acusaciones que han hecho en su contra tanto la Cooperativa de Producción Pesquera La Cruz de Loreto, como la propia administración del campamento de protección a la tortuga marina, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), aunque ambos denunciantes acreditan con videos y fotografías diversos daños a las dunas y las presiones ocasionadas contra el desove de tortugas marinas.

“En las últimas semanas llegaron dos tortugas laúd, pero no desovaron, pues ponen grandes lámparas sobre la playa e inhiben a los reptiles”, dice un habitante de la zona que acudió a Público.

La entidad gubernamental ya investiga las acusaciones y ha realizado dos visitas de inspección, sin embargo, el delegado estatal, José de Jesús Becerra Soto, señala que el proceso no ha culminado y debe guardar sigilo sobre el tema.

Hotelito Desconocido tiene ya una historia larga en la zona. A comienzos de los años noventa fue abierto con permisos —en su momento, muy cuestionados— sobre la zona federal del estero El Ermitaño, pero se ganó la voluntad de sus vecinos al apoyar el programa de conservación de la tortuga y dar empleo a los moradores de La Cruz de Loreto. Su dueño original, el también peninsular Marcelo Murzilli, vendió a W&G Arquitectos, SA de CV, quienes encomendaron los cambios a su nuevo administrador. Las obras comenzaron en septiembre de 2009, gracias a una resolución de impacto ambiental positiva que emanó de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el 12 de junio de 2009 (resolutivo SGPA /DGIRA/DG/3314/09).

El proyecto incluye el incremento de la zona de palafitos (habitaciones suspendidas sobre empalizadas), construcción de un “hotel compacto” tipo hacienda, palafitos para servicios adicionales, instalaciones de biblioteca y gimnasio, e incorporación de sistemas de generación de agua potable y energía, según el citado documento.

Para realizarlo, se deben hacer desmontes para ampliar y mejorar caminos, reestructurar los doce palafitos existentes y hacer doce adicionales en el predio El Ermitaño, así como diez más en el predio El Nopalito, que integran la propiedad del hotel y las áreas federales que le están concesionadas. Según la autoridad, es un proyecto adecuado para la zonificación que determina el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial vigente, y las leyes en materia de vida silvestre —en el caso del manglar—, de aguas y del área natural protegida.

No obstante, los pescadores han venido denunciando ante diversas instancias públicas los problemas que tienen con los nuevos dueños: el documento más reciente es una denuncia entregada al director regional de la Conanp, Humberto Gabriel Reyes Gómez —cuyas oficinas se ubican en Morelia—, el pasado 2 de noviembre.

En el texto, señalan como su problema más grave la apertura de “la bocabarra”, es decir, la salida al mar del estero. “Como el hotel necesita el menor nivel [de las aguas del estero] para remodelar, o construir, o destruir lo que no está en la manifestación de impacto ambiental […] se toma la libertad de abrir la bocabarra cuando quiere, a pesar de que necesita una autorización de la Semarnat y el visto bueno de la Comisión Nacional del Agua [CNA] para hacerlo. En el tiempo que va [desde que arrancó la remodelación, casi catorce meses] lo ha hecho seis veces que nos hemos dado cuenta nosotros, ya que lo hace por las tardes o las noches para que nadie de la cooperativa o el campamento tortuguero lo vea”.

Dichas aperturas, agrega el documento, firmado por el presidente, el secretario y el vocal financiero del consejo de administración de la cooperativa, respectivamente José de Jesús Romero Quintero, Aldo Espinoza y Jorge Ruiz, son perjudiciales para todos.

“No sólo afectan a nuestra sociedad cooperativa, sino también al santuario de la tortuga marina, ya que el hecho de que la boca se encuentre abierta constantemente separa las zonas sur y norte del playón, lo que hace que la parte sur se quede sin vigilancia y sin recolección de nidos, quedando a merced de los depredadores, que no sólo se llevan el nido sino que también sacrifican la tortuga”, lo que a juicio de los quejosos no es materia de preocupación de la Profepa, instancia ante la cual han denunciado los hechos.

Recuerdan que el dictamen del Instituto Nacional de Ecología, emitido para el trámite de impacto ambiental, en la condicionante cuatro “prohíbe terminantemente que el hotel abriera la bocabarra del estero El Ermitaño”, así como “interferir con la actividad pesquera”.

Pero resulta que “están trabajando dos turnos” diarios para las obras, usando pangas de motor para mover entre las orillas a los trabajadores, lo cual rompe las redes de los socios cooperativistas y provoca que el producto de la pesca salga al mar, lo que es desastroso para su economía.

De hecho, cita el condicionante nueve de la misma institución que prohíbe expresamente el uso de lancha de motor. “Además, está trabajando en el lado de la playa con maquinaria pesada y con cuatro reflectores de alta potencia, que los tienen prendidos durante toda la noche, afectando con esto la anidación en el santuario” y en violación de la condicionante cinco. “Las luces permitidas —quinqués, velas— podrán usarse un máximo de cuatro horas después de la puesta de sol”.

Las dos inspecciones que ha realizado la Profepa —la última, el pasado 19 de noviembre— no encontraron evidencia de esto y por ello no habrían procedido a clausurar. Pero la propia administración del campamento de la Conanp confirmó las anomalías en otro escrito a la propia procuraduría, que también se está canalizando.

Funcionarios afirman que el problema, más allá de lo ambiental, es de mala vecindad. El anterior propietario había encontrado el modus vivendi con los campesinos y los ecologistas, pero el actual “dijo que no nos ocupa ni a nosotros ni al gobierno [sic]”, continúa la carta de los líderes de la cooperativa, “ya que dice que todo el terreno y la zona federal le pertenece…”.

Al compás de este conflicto, esta temporada de anidaciones de tortugas ofrece malas cuentas: decenas de quelonios han sido sacrificados por “tortugueros” aprovechando la escasa vigilancia, además del arribo de cadáveres provenientes de altamar, para lo cual no se ofrece explicación aún.

Es la historia reciente de Mismaloya, el playón protegido más largo (69 kilómetros de longitud) de México.

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Protección a medias

El estado de Jalisco cuenta con cuatro playas protegidas por decretos federales emitidos en 1986, en busca de garantizar la permanencia de la arribazón de cuatro especies de tortuga marina: laúd (Dermochelys coriacea), prieta (Chelonia agassizi), carey (Eretmochelys imbricata) y golfina (Lepidochelys olivacea)

Estos cuatro santuarios federales son Mismaloya (69 kilómetros) —el mayor del país—, Teopa (seis kilómetros), Cuitzmala (5.9 kilómetros) y El Tecuán (siete kilómetros); se agrega además trabajo de protección que se realiza en las playas de Mayto, Colimilla y la zona de Boca de Tomates

En la actualidad llega en cantidades importantes la tortuga golfina, aunque nada de los espectaculares arribazones que todavía se vivieron en los años 70 del siglo XX. La tortuga carey fue salvajemente cazada por su valioso caparazón y casi no es vista en la zona. La prieta tiene poblaciones escasas pero regulares, aunque recientemente ha estado saliendo muerta en las playas de Mismaloya, un fenómeno que no ha sido aún explicado por los científicos y ecologistas, pues se trata de machos y juveniles, que nunca arriban a las costas

En el caso de la tortuga laúd, la mayor del planeta, parece inmersa en un proceso de desaparición más acusado que el de otros santuarios, como Mexiquillo, en Michoacán, o Morro Ayuta, en Oaxaca

Mismaloya es un santuario que colinda con un estero también protegido por la Convención Ramsar de humedales internacionales prioritarios: El Ermitaño-Agua Dulce. Pese a la protección legal, es la zona de arribazón de tortugas más depredada de Jalisco

2 comentarios:

Yun Rodríguez dijo...

Recuerdo haber visitado este campamento tortuguero hace cuatro o cinco años, cuando de hecho, el Hotelito Desconocido colaboraba conteniendo en sus márgenes el corral de anidación, donde los patrulleros trasladaban y volvían a enterrar los huevos de tortuga previamente regitrados, para permanecer hasta el momento de su eclosión.

Era un convenio de valor mutuo, pues el corral estaba protegido 24 hrs. -cosa que hubiera sido difícil para los voluntarios del programa- y al Hotelito le servía de atractivo turístico.

De la visión de los nuevos dueños voraces y arrogantes se nota la misma estrategia depredadora e injusta que amenaza a toda la costa de Jalisco.

Dicen los spots del Senado "Respeto a la Constitución que es la base de nuestra democracia", pero basta que a los Hoteleros les estorbe alguna Ley ambiental, como en el caso de la protección a los sitios Ramsar, para que deinmediato los diputados se pongan a cambiarle algún adjetivo o algún signo de puntuación a ese párrafo que no los deja escurrirse entre vacíos jurídicos e institucionales.

Julissa Hernandez dijo...
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