domingo, 11 de julio de 2010

Ganadería y agricultura, destructores de los sitios Ramsar





El uso turístico es incipiente, excepto en la laguna de Navidad. La selva seca y la selva mediana han perdido, respectivamente, 30% y 40% de su superficie en los humedales de Jalisco, mientras que el manglar ha crecido modestamente con relación a 1971

Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO

Son la agricultura y la ganadería, muy por encima de los desarrollos turísticos, los grandes favorecidos con los cambios de uso de suelo que se han registrado desde 1971 en siete humedales costeros de Jalisco que ahora están protegidos por la convención internacional Ramsar, de las Naciones Unidas.

Pero no ha sido el manglar su principal víctima: es la selva baja caducifolia el ecosistema más derrotado en la destrucción desatada por la colonización desordenada que propiciaron los gobiernos federal y estatal en la que el ex gobernador Agustín Yáñez bautizó como “la tierra pródiga”.

Los estudios que ha realizado el equipo del Departamento de Estudios para el Desarrollo Sustentable de Zonas Costeras de la Universidad de Guadalajara (UdeG), basados en fotos satelitales tomadas en 1971, 1989 (no para todos los sitios), 1996 y 2007, no dejan lugar a dudas: mientras el uso agrícola se extendió en 2007 sobre casi mil hectáreas más que en 1971 (el doble de su superficie tomando como punto de partida ese año) y los pastizales crecieron casi 900 ha (para casi cuadruplicar su extensión inicial), la selva seca ha perdido 1,412 ha en el mismo periodo, esto es, se ha reducido en poco más de 30 por ciento. El manglar, que tenía 1,873 ha en 1971, ahora se extiende sobre 1,897 ha, pequeño crecimiento de superficie que revela que algunas áreas dejaron de ser presionadas y regresó el viejo bosque de mangles.

La superficie total analizada, que es la suma de las zonas hoy protegida por la declaratoria internacional, es de 12,126 hectáreas.

La pérdida registrada para la selva equivale a la tala de la totalidad de las áreas verdes de la zona metropolitana de Guadalajara, incluidos camellones y fuentes, más otro 40 por ciento de superficie; o bien, a destruir catorce parques Los Colomos (cuya dimensión ronda cien ha o un millón de metros cuadrados).

El caso de la selva mediana subcaducifolia, mucho más restringida (385 ha en 1971), es relativamente igual de drástico que el de la selva seca, pues se redujo en 151 ha, casi 40 por ciento, hasta 2007.

Para los siete humedales, la excepción en esa dinámica favorable al sector primario es el caso de la laguna de Navidad, donde se ha tenido una marcada vocación turística. Sin embargo, analizando totales, los campos de golf hoy se extienden sobre 24 ha de la superficie analizada de la cuenca de los siete cuerpos de agua (existe únicamente en Navidad), los asentamientos humanos ocupan 167 ha (casos de Navidad, La Manzanilla y un pequeño asentamiento de tres ha en Chalacatepec) y hay apenas 17 ha de infraestructura.

Claro, este análisis se restringe a las zonas de cuenca inmediata a los esteros y lagunas; no obstante, otros estudios en el mismo escenario temporal (realizados por la estación de biología de la UNAM y por la Fundación Cuixmala) han demostrado la devastación de la selva seca en toda la región del litoral, de cinco municipios: desde 1950, en que La marcha al mar abrió a la colonización intensiva esta región enclavada entre Manzanillo y Puerto Vallarta, la extinción ha borrado unos dos mil kilómetros cuadrados de la antigua selva tropical caducifolia, superficie equivalente a la mitad del estado de Tlaxcala. Sobrevive una superficie un poco menor, pero la tasa de deforestación registrada en el año 2000 fue de 3.2 por ciento, el triple del promedio nacional en ese entonces. Y la agricultura y la ganadería se mantienen como los beneficiados de un crimen sin castigo (Público, 5 de junio de 2005).

Pormenores
Los mapas analizados por los investigadores de la UdeG para cambio de uso del suelo de siete de los ocho sitios Ramsar de la costa de Jalisco (con excepción de los humedales de Chamela-Cuixmala, que ya son manejados por la reserva de la biosfera enclavada en el sitio) abarcan hasta 500 metros a partir del margen de las lagunas y esteros.

“Como se puede observar en la tabla final de cambios de uso del suelo, la vegetación que ha sido más impactada es la selva baja caducifolia, seguida de la selva mediana subcaducifolia, la vegetación halófila [“Se dice de las plantas que viven en terrenos donde abundan las sales”, define la Real Academia Española] y el matorral xerófilo [“Se dice de todas las plantas y asociaciones vegetales adaptadas a la vida en un medio seco”, íbid]; esta disminución fue a favor de la agricultura, los pastizales y los asentamientos humanos”, concluye el director del departamento, Francisco de Asís Silva Bátiz.

Destaca el hecho de que “los incrementos en la agricultura y pastizales —y, a su vez, la disminución de las selvas baja y mediana— se presentan en los humedales cuyos terrenos colindantes son ejidos o bien sus posesionarios son ejidatarios: La Manzanilla, Chalacatepec, Xola-Paramán, Majahuas, El Chorro, Agua Dulce-El Ermitaño. Los incrementos en asentamientos humanos se presentan en Barra de Navidad y La Manzanilla principalmente”.

Respecto al caso de la laguna Barra de Navidad, “en los mapas y los cálculos se presenta únicamente el vaso principal de la laguna, no todo el sitio Ramsar, y se puede observar que, si bien existe una tala de manglar para el desarrollo urbano y turístico, en donde no se ha desarrollado turísticamente, el manglar ha incrementado su superficie [zona este y sureste]; de esta manera la pérdida de manglar neta ha sido poca [37 ha] relativamente. Sin embargo el gran problema que el desarrollo turístico y urbano ha traído es el azolvamiento de la laguna causada por cambios en las márgenes y rellenos, los cuales modificaron el régimen hidrológico de la laguna y las corrientes de agua internas de la misma”, advierte Silva Bátiz.

Este trabajo, que es base del ordenamiento de los sitios Ramsar, compromiso mexicano que busca garantizar la preservación de los servicios ambientales de estos ecosistemas, derivará en los planes de manejo, cuya aplicación debe cambiar una historia de destrucción que ya se hace vieja.

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La importancia de los humedales costeros

La relevancia de estos ecosistemas radica “en las funciones ecológicas que desempeñan, como son la recarga y regulación de los mantos freáticos, además de mantener a una gran biodiversidad —en sus tres niveles: especies, genético y ecosistemas—; brindan protección contra tormentas e inundaciones, estabilizan la línea costera, controlan la erosión, retienen nutrientes y sedimentos, filtran contaminantes y estabilizan las condiciones climáticas locales, particularmente lluvia y temperatura”

Los humedales reportan a menudo “beneficios económicos enormes, como el asegurar el abastecimiento de agua —cantidad y calidad—; mantienen los recursos pesqueros [más de dos tercios de las capturas mundiales de peces están vinculadas a la salud de las zonas de humedales]; ayuda en la agricultura manteniendo las capas freáticas y reteniendo nutrientes en las llanuras aluviales; proveen madera y otros materiales de construcción, así como recursos energéticos [como materia vegetal]; otros productos de humedales, incluidas hierbas medicinales; posibilidades de recreación y turismo

Las funciones, los valores y atributos en cuestión sólo pueden mantenerse si se permite que los procesos ecológicos de los humedales sigan funcionando. Desafortunadamente, y a pesar de los progresos realizados en los últimos decenios, los humedales siguen figurando entre los ecosistemas más amenazados del mundo, sobre todo a causa de la continua desecación, conversión, contaminación y sobreexplotación de sus recursos. La pérdida o degradación de estos ecosistemas constituye un serio daño ambiental que debe ser reparado o evitado

Una forma de conservar a los humedales es mediante el uso racional, que se define como la “utilización sostenible que otorga beneficios a la humanidad de una manera compatible con el mantenimiento de las propiedades naturales del ecosistema”. A su vez, el uso sostenible es “el uso humano de un humedal que permite la obtención de un máximo de beneficios de manera continuada para las generaciones presentes, al tiempo que se mantiene el potencial para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras”. La protección estricta es una forma más de uso sostenible

Para la protección de estos importantes sitios se creó la convención Ramsar, la cual es un tratado intergubernamental que se firmó en la ciudad de Ramsar, Irán, en 1971, y entró en vigor en 1975.

En la costa de Jalisco hay ocho sitios Ramsar: La Manzanilla, Chalacatepec, Xola-Paramán, Majahuas, El Chorro, Agua Dulce-El Ermitaño, laguna de Navidad y Chamela-Cuixmala.

Fuente: Departamento de Estudios para el Desarrollo Sustentable de Zonas Costeras, UdeG.

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Saldos de 1971-2007

LOS GANADORES

AGRICULTURA Se extiende sobre 1,856 ha; ganó 998 ha desde 1971

PASTIZALES (ganadería) Se extiende sobre 1,353 ha; ganó 894 ha desde 1971

ASENTAMIENTOS HUMANOS Se extienden sobre 167 ha; ganaron 132 ha desde 1971

LOS QUE ESTÁN CASI IGUAL

MANGLAR Se extiende sobre 1,897 ha; ganó 24 ha desde 1971

CUERPOS DE AGUA Se extienden sobre 2,801 ha; perdieron 24 ha desde 1971 (en laguna de Navidad)

LOS PERDEDORES

SELVA BAJA CADUCIFOLIA O SECA Se extiende sobre 2,624 ha; perdió 1,412 ha desde 1971

SELVA MEDIANA SUBCADUCIFOLIA Se extiende sobre 228 ha; perdió 152 ha desde 1971

Fuente: Estudio sobre humedales prioritarios del Departamento de Zonas Costeras de la UdeG

1 comentario:

Vianney Barajas Calderon dijo...

Podrían poner la cita completa del artículo?